Las calles de Gary estaban
abandonadas, sólo se escuchaban los susurros del viento, que parecían alentarme
a continuar.
Y ahí estaba yo, con una
mochila en los hombros, el pelo volándome en la cara, con un viejo blusón
violeta desteñido por su uso y unos sucios pantalones blancos.
Sí, esa era yo, una
“Valiente” niña de 9 años, una tonta niña de 9 años, esa niña que había
escapado de casa, que había escapado de una tiranía, una tiranía disfrazada de
ojos grises, de los ojos de mi madre.
Desde que mi padre había
muerto, ella se había perdido, sucumbiendo a todas las adicciones existentes,
pero no lo hacía por tristeza, si no por
todo lo contrario, ella pensaba que si él se moría, ella por fin obtendría su
libertad, una libertad añorada desde que yo había nacido, llevaba diario un
hombre distinto, sin importarle quien estaba en la casa, si estaban mis hermanos
le daba igual y si estaba yo, la misma historia.
En una de sus aventuras,
había quedado embarazada, ese día recuerdo que me puse furiosa, pues si ni
siquiera era capaz de cuidarme a mí o a mis hermanos, no iba a ser capaz de cuidar a
un recién nacido, había dado a luz a un hermoso bebé de ojos azules, a mi
hermano Maurice, al que abandoné con apenas dos meses de nacido, en el momento
en el que estaba a punto de irme, lo miré, me miraba con curiosidad, con sus
bonitos ojos azules brillando con duda y tuve el impulso de cargarlo y
llevármelo, pero ¿Qué haría yo con un bebé de dos meses? Ni yo misma puedo
garantizar mi supervivencia.
Mi madre me odiaba por mi
parentesco a mi padre, el mismo cabello castaño, la mayoría de veces esponjado,
los enormes ojos marrón que a la luz cambian a miel y mis mejillas pálidas, mi
padre era igual, en cambio mi madre era de ojos grises, un gris que solo era
capaz de compararse con las nubes de una tormenta, tenía el pelo pelirrojo,
casi naranja, mis hermanos David y Elliot habían heredado su cabello, pero los
ojos eran de mi padre y el pequeño Maurice tenía los ojos azules (Provenientes
de la aventura de mi madre) y era tan pálido como la cera.
Enormes y temerarias nubes
grises se asomaron en el cielo, estábamos en pleno agosto.
Agosto de 1958 para ser
exacta.
Una pequeña gota cristalina
resbaló por mi rostro, le siguieron muchas más hasta que se desató una
tempestad.
Corrí a refugiarme en una
florería, que tenía un techo de mármol blanco, me oculté en él y me escapé de
la lluvia.
Amaba la lluvia, cuando era
pequeña y se soltaba una tempestad como esta, papá sacaba dos impermeables
azules, uno para él y otro para mí, me ponía un sombrero a juego y salíamos a
la lluvia, a mojarnos y a jugar, con papá había momentos en los que era,
realmente… feliz, aquellos momentos que se tatúan en tu mente y son incapaces
de borrarse, aquellos momentos en los que sientes que sin ellos, estarías
incompleto, aquellos momentos en los que sientes que esos momentos se grabaron
en tu corazón y no se piensan mover de ahí.
La lluvia parecía eterna, al
mirar al cielo gris, pude ver ahí los ojos de mi madre, observándome con odio y
con rencor, lo cual hizo que me encogiera de miedo.
Cerré los ojos y me dejé
llevar por el sonido de las gotas que repiqueteaban en el pavimento.
Sueño que estoy en un lugar
oscuro, de repente una por una, empezaron a aparecer estrellas, brillantes
estrellas blancas que parecía que estaban decididas a dejarme ciega, tuve que
entrecerrar los ojos para que la luz no los dañara.
Hay una silueta enfrente de
mí, un niño, al principio no lo puedo distinguir bien, pero cuando las
estrellas se empezaron a apagar, pude observarlo bien, parecía frágil, más
joven que yo, como de unos 7 años, un pequeño que necesita una cobija para que
lo resguarde del frío, tenía la piel de color chocolate, un hermoso color
chocolate, sus ojos eran lo que sigue de increíbles, marrones, tan grandes como
unos caramelos de regaliz, tenían un brillo especial, un hermoso brillo
plateado que hacía perder la razón, pero si veías más al fondo, podías ver una
pequeña chispa dorada y su sonrisa ¡Demonios! No creo que haya alguien en este
planeta que tenga una sonrisa como aquella, brillante, como si para crearla
Dios hubiera buscado las perlas más hermosas y blancas del planeta, o incluso
de otros planetas y las hubiera juntado todas.
Él se acerca y noto un
extraño corte de pelo, el famoso “Afro” que utiliza la gente de color, luce
unos alegres pantalones púrpuras y una camiseta a juego, me mira y me acaricia
la mejilla.
En ese momento unos pequeños
ataques eléctricos recorren mi mejilla, como si ese pequeño al tocarme creara
magia.
Siento unas enormes ganas de
crear un campo protector alrededor de él, a pesar de ser un poco más alto para
su edad, sigue siendo un pequeño niño, en ese instante, todo se evapora y yo
abro los ojos.
Estoy en la misma florería,
acostada en el pavimento, la dueña al parecer se tomó la molestia de colocar
una frazada sobre mí.
Al levantarme miro de un
lado a otro, la florería está cerrada y la calle está solitaria, casi tétrica,
me he levantado demasiado temprano.
Sujeto la frazada y me
levanto, no creo que a la dueña le importe mucho que me la lleve, no tuvo la
suficiente importancia para ella y se la aventó a una niña rota que estaba
dormida en la entrada de su florería.
Camino por las calles
desiertas.
Ahora, mis hermanos no han
de estar en casa, desde que mi padre había muerto, ellos se habían perdido de
tristeza y ahora, eran adictos a la cocaína y la heroína, tenían un contacto en
el lado oscuro de Gary y cada noche salían a perderse a las adicciones y
regresaban en la mañana, obviamente a mi mamá no le importaba, ella en este
instante ha de estar dormida, acostada con un hombre del que de seguro ni
siquiera recuerda su nombre, no creo que mi ausencia se note, yo era como una
mota de polvo, la cual siempre estaba ahí, pero que nadie se había molestado en
quitar, así que la pequeña mota de polvo prefirió quitarse sola.
Recuerdo al pequeño de mi
sueño y sin poder evitarlo, una sonrisa espontánea brota de mis labios, era tan
frágil y pequeño, pero al mismo tiempo se podía ver que poseía valentía y
fuerza, dos cualidades que yo nunca poseeré.
¿Existiría alguien así en
este planeta? La verdad lo dudo, de todas las personas que he conocido ninguna
es como él, ninguna posee aquella magia en la mirada, aquella sonrisa…
La madrugada se empezaba a
marchar con la llegada de un sol abrazador.
-El clima de Gary es una
locura. Dije, de hecho, este verano era un verano bastante cálido, así que la
tormenta hizo que todo el calor que tenía la tierra se evaporara y eso hacía
que el calor se hiciera más fuerte.
Ayer parecía que el cielo se
venía en sima y ahora siento que con tan solo estirar la mano podré tocar el
sol.
Me quito la frazada y la
doblo rápidamente, el sol entra por todas partes, el cielo de un azul intenso,
está despejado.
En los días de sol, papá nos
llevaba a mí y a mis hermanos a un pequeño parque cerca de casa, donde había un
pequeño lago y en ese parque había una familia de conejos blancos, que salían a
tomar el sol y tomar agua, yo recostaba los más pequeños en mi regazo.
-¿Crees que provengan del
país de las maravillas papá?- Le preguntaba inocentemente.
-Puede ser Emma, pero… ¿A
caso vez que alguno traiga un reloj de bolsillo?- Me decía él con una sonrisa,
Alicia en el País de las Maravillas era mi historia favorita, me identificaba
mucho con Alicia y luego bromeaba con papá, diciéndole que él era mi sombrerero
loco.
-Puede que lo hayan
olvidado. Él reía con mis ocurrencias y yo al verlo feliz, era la persona más
afortunada del mundo.
Pero este sol no era alegre,
ni risueño, como lo era en aquellos días, si no que era destructor y sofocante,
dispuesto a aniquilarme, en verdad sentía que en cualquier momento me iba a
venir abajo, o tal vez era el efecto de la deshidratación y el hambre, no había
comido ni tomado nada desde que escapé.
Un dolor de cabeza
insoportable me atacó de repente, provocando que cerrara fuertemente los ojos y
que mis rodillas chocaran contra el pavimento.
-Vamos Emma, al menos busca
la sombra de un árbol.
Me dije, como para darme
ánimos, con la cabeza doliéndome y el sol a todo lo que daba, con trabajo y me
podía mover, pero para gran fortuna mía, había nacido con una gran fuerza de
voluntad.
Llegué a un enorme roble y
me cobijé entre sus ramas, ocultándome del sol.
Recargo mi espalda en el
tronco y me permito darme un respiro y relajarme, pensar que nada de esto es
real y que ahora apareceré dentro del pequeño parque con papá y los conejos
blancos.
Las ramas empiezan una
rítmica danza con el viento, su sonido me acuna y cierro los ojos.
Pero el instante dura poco
El sol parece hacerse más
grande de lo normal y parecía que quería acabar conmigo en ese instante, las
calles se empiezan a llenar de gente que se mueve desesperadamente,
persiguiendo algo, un sueño tal vez, pues espero de todo corazón que cualquier
sueño que anhelen, lo alcancen, porque si no, terminarán como yo.
Una niña rota, proveniente
de una familia disfuncional, de dos hermanos mayores rebeldes, una madre que no
quería ese título y huérfana de padre, el mejor padre que una persona pudiera
desear, pero lamentablemente para mí, se había esfumado para siempre.
Toco mi mochila, mi pequeña
mochila negra, en la que según yo, había empacado lo esencial, un poco de ropa
y latas de sopa, pero era tan brillante que había olvidado colocar agua.
-Genial. Dije con sarcasmo.
No tenía a donde ir, no
tenía rumbo fijo.
A veces siento que no
pertenezco a este mundo, que mi hogar está lejos de aquí, que en ese hogar
estará una familia, mi verdadera familia, con mi padre en ella, recibiéndome
con galletas de chispas de chocolate y un reconfortante vaso de leche y no sé
porqué relaciono ese hogar perfecto y acogedor con el pequeño que soñé.
Mi padre tenía la teoría de
que a veces soñábamos con lo que nos pasaría en el futuro, que nuestra mente
adivinaba lo que nos sucedería después y lo plasmaba en imágenes mientras
dormíamos, para después originar los famosos “Deja Vu”
Abrí una lata de sopa y me
la empezaba a comer a tragos, como si estuviera tomando alguna bebida.
Podía regresar a la casa y
tomar toda el agua que pudiera, pero para estos momentos mis hermanos ya
regresaron de su aventura nocturna y si me veían, me preguntarían a donde iba,
querrían venir conmigo y para ser sincera, no quería que eso sucediera, sería
como mantener a dos bebés que no saben controlar sus actos.
-Vaya, será mejor que me
mueva de aquí.
Busco en el fondo de mi
mochila y me encuentro con diez dólares, esto me servirá.
Me levantó y caminó, el sol
me da en la cara y hace que el dolor se incremente más.
Llego a un pequeño puesto de dulces y me compro una
botella de agua, saboreo cada gota y me la acabo rápidamente.
-Al menos podré continuar,
aunque sea por otros minutos- Digo con los ánimos arriba, ya alimentada e
hidratada, podía continuar.
Camino por una avenida llena
de gente, la mayoría de ellos sujetando enormes portafolios murmurando
tecnicismos, los cuáles no entiendo.
Me sentía como un flamenco
en una parvada de palomas, como una mancha negra en una hoja blanca.
El pequeño de mi sueño no
para de rondar por mi mente y lo sentía extrañamente cercano a mí, como si
fuésemos conocidos de años y sentía que a él le podía confiar toda mi vida,
aunque sólo fuera un personaje de mi imaginación, a menos que la teoría de papá
fuera verdad y lo viera en el futuro y si es así, me aseguraría de estar con
ese pequeño todo el tiempo, su sonrisa se había vuelto esencial para mí y cada
vez que cerraba los ojos la veía, era como si esa sonrisa habitara en mi mente
para siempre.
El ruido de los automóviles
y los gritos de la gente me sacan de mis pensamientos, alejando al pequeño de
sonrisa brillante.
-¡Niña! ¡Concéntrate por
dónde pisas!-Me chilló una señora que estaba en frente de mí, la cual había
pisado sin querer, tenía la cara hundida en maquillaje, se notaba que tenía
influencias en alguna parte.
-Perdón- Dije, pero como
tenía que ser yo, una niña que utilizaba el sarcasmo y la ironía a la
perfección, se me ocurrió contestar- Pero aún así, si sus “Hermosos” zapatitos
de seda se arruinan, para usted sería perfecto ¿No?
-¿Por qué? Me contesta ella
y tengo oportunidad de observarla bien y compruebo mi teoría, era Isobel Rosenberg,
la esposa de un afamado senador de Indiana.
-Porque ya tiene otra excusa
para hacerle un berrinchito a su marido para que le compre otros - Le digo y
ella compone una cara, que casi me provoca que suelte una carcajada, parece que
alguien le lanzó un escupitajo en la cara y de repente suelta un estridente
grito.
-¡Tú que vas a saber niña!-
Me grita mientras me señala con su regordete dedo- ¡A puesto a que tú en tu
miserable vida vas a comprar unos zapatos como estos!
-¿Para qué los querría?
¿Para terminar como usted? No, gracias, el planeta tiene suficiente con usted.
Le dije y le dediqué una cómica mirada que pretendía ser desdeñosa.
Ella despegó los labios,
pero no dijo nada y se me quedó mirando como si fuera la peste más grande del
mundo.
-Mocosa grosera, mediocre y
asquerosa.
¿Quiere jugar a los
adjetivos calificativos? Bien…Juguemos.
-Señora obesa, presumida y
odiosa. Le respondí, pero eso fue la gota que derramó el vaso.
Isobel empezó a soltar
improperios al aire y de repente nos vimos rodeadas de un círculo que habían
formado varias personas, observando nuestra escena.
-¿La podemos ayudar en algo
señora Rosenberg?
La mujer pareció recuperar
su cordura y moviendo su cabello rubio (Obviamente teñido) dijo con dramatismo:
-Sí oficial, esta…esta-
Empezó a decir y noté que buscaba una palabra hiriente para definirme-
pandillera ¡Me ha insultado! ¡A mí! ¡A
la esposa del senador Rosenberg!
Noto una fuerte opresión en
cada uno de mis brazos y veo a cada lado a dos hombres que me sacan varios
centímetros, incluso me podrían sacar un metro, ambos son altos y fornidos, sus
rostros hacen que se me enchine la piel, es como observar un rostro toscamente
pulido en piedra.
-¿Qué quiere que hagamos con
ella?- Le pregunta uno de los policías
Ella sonríe de forma
maligna, al parecer, sabe el mejor castigo para mí.
Me llevarán a un orfanato,
pienso al instante.
He escuchado de esos
horribles lugares, al menos aquí en Gary, los orfanatos son lugares donde
duermes en el piso, te azotan si no obedeces y te dan de comer las sobras de
los animales, sería como regresar con mi madre y mi escape no iba a ser en vano
y de eso estaba segura.
Le suelto una patada a uno
de los oficiales, el otro me suelta al ir a ayudar a su amigo y salgo corriendo
de ahí.
-¡Que no escape!- Escucho
que chilla Isobel.
Corro lo más rápido que
puedo, brincando cosas y empujando personas, pero me enfrento con lo
desconocido, esta zona de Gary yo nunca la había visitado.
-Ven niña, vas a ver que el
orfanato no está tan mal, a veces te dejan las sobras de los perros y esos
casi ni comen. Dijo maliciosamente un
policía, el otro soltó una carcajada y me vi obligada a correr más rápido.
Me introduzco en una pequeña
calle que da hacia el otro lado de la ciudad y me pierden de vista.
Tomo el aire que mis pulmones
me exigen, mi corazón late como un pequeño colibrí, rápida y desesperadamente,
siento que en cualquier momento se me va a salir del pecho.
Me toco el hombro y un
sentimiento aflora en mi estómago, me invade el pánico, mi mochila negra, ya no
está conmigo, se me debió de haber caído en la persecución.
-¡Demonios!- Grito, ahí en
esa mochila estaba depositada mi supervivencia, al menos por unos días, ahí
estaba la comida, la ropa y si corría con suerte otros 10 dólares.
Estoy perdida, la calle en
la que estoy la desconozco y no sé el camino por el que llegué.
Pienso opciones, una cada
vez más descabellada que la anterior y me rindo, los policías me han de estar
buscando todavía para entregarme al orfanato, no es seguro regresar, me
perdería más.
No encuentro solución, no
hay solución.
-Creo que me voy a tener que
dejar llevar- Digo rendida y me recuesto debajo de una banca polvorienta y
vieja, observando cómo pasa el día, veo los zapatos de la gente, ir de un lado
a otro, ninguno me ve, he escogido un buen lugar para desvanecerme, nadie puede
hacer nada por mí.
Cada día empeoro
considerablemente, mi garganta está más cerca que el desierto y puedo sentir
los huesos de mis costillas, mi estómago no para de rugir, es como si estuviese
furioso conmigo, pues sus rugidos son fuertes.
-Solo cierra los ojos Emma,
esto pasará rápido. Me digo y mis ojos opacos y cansados, se cierran.
Estoy en un lugar con muros
blancos, el piso es vidrio fino y me da miedo moverme, por temor a romperlo.
-Se fuerte Emma, que la vida
te tiene preparado algo mejor, mi teoría era cierta pequeña, puedes soñar con
tu futuro, se fuerte por aquellos ojos marrones que tanto te van a necesitar en
el futuro, porque para ellos tu vas a ser su protección y complementación y tu
encontrarás lo que tanto buscas.
La voz de mi padre resonaba
en las paredes, pero él no estaba, dejando un extraño mensaje, un mensaje que
tenía que ver con aquel pequeño de ojos castaños.
“Porque para ellos tu vas a
ser su protección y complementación y tu encontrarás lo que tanto buscas.”
Abro los ojos y veo que no
estoy debajo de la banca de aquel lugar desconocido de Gary, si no que estoy en
una reconfortante cama blanca, a lado de mí hay muchos tubos y máquinas
extrañas, típicas de hospitales.
Estoy en un hospital.
-Sufría de deshidratación y
desnutrición, se notaba que no se había llevado nada a la boca en días, estaba
más pálida que la harina ¡Me llevé un susto de muerte cuando la trajo! Pobre
niña, pero aún así, tuvo suerte con que usted la encontrara, Doctora Bucket.
Dice una voz joven, de una chica de 20 años máximo.
-¿Cómo está ahora?- Preguntó
una voz más madura, pero más cálida y maternal.
-Creo que sigue dormida,
pobrecilla, ha de estar muy cansada, le pusimos suero para hidratarla y dentro
de 20 minutos voy a llevarle comida, si no es que antes, ay, pobre pequeña-
Responde la chica.
-Gracias por informarme
Lily, iré a verla.
Escucho como se abre la
puerta de mi habitación y entra una mujer.
Era atractiva, de pelo largo
hasta la cintura, color chocolate, los ojos del mismo tono y mismo brillo de
las esmeraldas y una boca que parecía que todas las cerezas se habían ido a
vivir ahí, al verme despierta, esbozó una sonrisa.
-Que bien que ya despertaste
bella durmiente. Dijo con voz maternal, como si se dirigiera a su hija
favorita- Soy Elle Bucket, pero puedes decirme Elle.
-Hola. Dije bajando la
cabeza, sintiendo el calor de mis mejillas sonrojadas, ninguna mujer me había
tratado así, con tanto cariño.
-¿Cómo te llamas?
-Emma, Emma Millikent.
Respondo ¡Maldita sea Emma! Nunca has sido así ¿Porqué con la doctora Bucket
eres así?
La doctora camina hacia mí y
se posa de mi lado derecho.
-Y dime Emma… ¿Qué hacías
debajo de una polvorienta banca?
La respuesta salió de mi boca sin que yo le diera permiso, tal
vez ya tenía la respuesta hecha desde antes y por eso actué automáticamente.
-Esconderme. Dije y pude
observar mejor, tenía facciones delicadas y perfectas, como si las hubiera
moldeado el mismo Miguel Ángel, tenía una cintura pequeña y su bata le daba un
toque angelical.
Estaba preparada para que se
me viniera en sima una ola de preguntas, pero en vez de eso, recibí un:
-Vaya- Susurró- ¿Tienes
familia?
Guardé silencio entonces, si
le decía que sí, me regresarían con ellos y no lo podía permitir, regresar a
ese lugar que parecía estar a dos cuadras del infierno, sería horrible para mí.
-No.
-¿Ni siquiera un pariente
lejano?
-No.
Se quedo pensativa, como si
tratase de encontrar las palabras correctas.
-Vaya- Dijo, con un toque de
tristeza en su voz- Tendremos que llamar al orfanato, es la única alternativa
que veo, para que vengan a recogerte.
El pánico inundó mi cuerpo.
-¡No!- Grité y como acción
desesperada, rodeé su cintura, abrazándola fuertemente, hundiéndome en su bata,
que tenía un dulce olor a menta con vainilla.
Alcé la mirada y la vi, con
cara de confusión, esperando una respuesta.
-Me dan miedo esos lugares-
Dije asustada- por favor Elle, deje que me quede aquí, al menos unos días.
Ella respondió a mi gesto
desesperado acariciando mi rebelde melena, que noté, estaba peinada y acomodada
en mi espalda, alguien se había ocupado de mí en estos días, tal vez la chica
llamada Lily, noté como lágrimas cristalinas brotaban de mis ojos, escapando
urgentemente de ahí.
Ella no dijo nada, se quedo
mucho tiempo acariciando mi cabello y yo no la soltaba.
-Veré que puedo hacer por
ti. Dijo y me desaté de ella, me dirigió una maternal sonrisa y salió de la
habitación.
Ojalá y pueda hacer algo,
ojalá y me dejara quedarme ahí unos días más, ojalá y así fuera.
Me recuesto en mi cama y
sujeto fuertemente mi almohada, las lágrimas no han dejado de caer por mi rostro,
tenía miedo, mucho miedo, pierdo la noción del tiempo, aunque en realidad, ya
la había perdido desde que había salido de esa casa.
Si Elle no encuentra que
hacer conmigo, escaparé, no permitiré que me lleven al orfanato, escaparé y me
iré de Gary, a un lugar mejor, aunque tenga un futuro incierto, pero es lo que
tengo que hacer, tal vez lejos de aquí, esté el niño de sonrisa brillante y tal
vez me esté esperando lejos, tal vez ya sabe que, me va a ver algún día.
-Dice que no tiene
familiares en Indiana- escucho que dice Elle- Eso es angustiante ¿Qué podremos
hacer por ella?- Pregunta con un toque de preocupación en su voz.
-Se puede quedar aquí unos
días- Sugiere una voz, que reconozco como la de Lily- A parte, investigué sobre
ella, su madre, Anna Millikent y su padre Edward Millikent, están desaparecidos
o tal vez muertos, la computadora no registra datos sobre ellos y por si fuera
poco, dentro de una semana es su cumpleaños.
¡Mi cumpleaños! Con todo
esto, se me había olvidado que, el 29 de agosto de 1948, había nacido y que
dentro de una semana, el 29 de agosto se repetiría para festejar mi décimo
cumpleaños.
-Cierto, podría ser como un
regalo para ella- Analiza Elle- Pero después… Creo que tendremos que
encontrarle un hogar, un verdadero hogar, porque por algo escapó del suyo.
Sonreí para mis adentros y
quise salir para besar a Lily y a Elle en ambas mejillas, habían encontrado una
solución.
-¡En esta ciudad hay muchos
padres que se mueren por tener un hijo!- Dijo Lily con tono alegre- Y ella es
una niña linda, seguro tendrá una buena familia.
Se escuchan pasos, volteo y
no veo a nadie, se han ido.
Pero lo he conseguido, al
menos me quedaré aquí hasta mi
cumpleaños, un tiempo perfecto para preparar un plan para escapar por si el
plan de la adopción no resulta.
El clima se vuelve loco,
desde la ventana de mi habitación puedo ver cómo las nubes grises se empiezan a
acumular en el cielo, antes azul.
Se escuchan truenos, o como
yo les llamo, los “Tambores del cielo”.
La lluvia empieza a caer y
me le quedo observando por un buen rato, hasta que Lily me interrumpe entrando
a mi habitación, trae una bandeja de plástico cargada de comida, se me
retuercen las tripas de hambre.
-¡Hora de la comida!- Dice
con tono alegre, he llegado a pensar que en Lily, los únicos sentimientos que
llenan su corazón son alegría e inocencia- Te hemos administrado suero, tu
deshidratación era increíble pequeña- Me dice mientras acaricia mi mejilla y
tengo la oportunidad de observarla bien- tiene el pelo negro como el carbón y
los ojos verde mar, increíblemente hermosos, nariz recta y labios rosados
rellenan su rostro.
Respondo a su gesto cerrando
los ojos, sintiendo el tacto de su piel, suave como algodón.
Deja la bandeja en mi regazo
y observo bien lo que contiene, un plato de sopa de verdura, otro con carne de
res y lechuga y de postre, un exquisito pastel de chocolate.
-Tal vez no sea una comida
gourmet pero…- Empieza a decir tímidamente, pero la corto.
-Es…perfecta, gracias- Digo
con una reluciente sonrisa, la más reluciente que he esbozado en toda mi vida y
la abrazo, rodeando su cintura con mis pálidos brazos.
-Me alegro. Dice
entrecortadamente, voy a ser conocida como la niña que da abrazos espontáneos.
Al soltarla, ella con una
sonrisa, se va caminando, su caminar es extraño, parece a penas tocar el suelo
cuando camina.
Bajo la cabeza y miro toda
la comida, toda para mí…
Me abalanzo sobre ella,
saboreo cada cucharada de la sopa y me como a mordiscos la carne, me detengo
cuando noto que una figura femenina me observa, Elle está enfrente de mí,
conteniendo una risa y yo me pongo colorada como un jitomate, me acaba de ver
comer como si yo fuera un animal, con la cara sucia de comida.
-Te están nutriendo bien
¿Verdad?- Dijo divertida- Se veía que tenías mucha hambre, así que le pedí a
Lily que te consintiera-Dijo y empezó a reír, su sonrisa era parecida a
pequeñas campanitas.
-Sí. Dije todavía más roja,
en cualquier momento mi cara estallaría en llamas.
…
Los días pasaban rápido, el
tiempo parecía un adorno nada más, como un recuadro pequeño en una enorme
habitación llena de antigüedades, me despertaba con unos pequeños y pálidos
rayos de sol, que después eran sustituidos por lluvia (Al fin el clima había decidido
cómo iba a estar y no estaba tan cambiante), Lily y Elle se portaban tiernas y
graciosas conmigo, Lily me hacía reír con sus ocurrencias, cómo comparar mi
cabello con monstruo café “¡No se te
puede pasar un cepillo en tu cabeza niña! ¡Tu cabello se lo come!” me decía o
caerse cómicamente, Elle era serena y siempre estaba al pendiente de mi estado
de salud, diciéndome que a diferencia del primer día, ya parecía un ser humano.
Ya me podía parar de la cama
y me dedicaba a husmear por todo el hospital (Bueno, solo a lo que Elle me
permitía, lo sé, soy una rebelde), asustando a enfermeras y chocando con
personas, que sonreían divertidas.
Y entonces llegó el día…
Desperté con un trueno y la
lluvia se vino en sima de la tierra, enfrente de mí, había un pastel de
chocolate, junto con un envoltorio celeste, en el cuál tenía una nota
delicadamente envuelta, sonreí y la abrí.
“Querida Emma:
Feliz
cumpleaños, espero que el pastel que Lily hizo con todo su cariño sea de tu
gusto y la ropa te agrade (La escogí especialmente para ti), en verdad
diviértete hoy cariño, has demostrado ser una niña inteligente y muy divertida,
te has ganado mi corazón, te quiero pequeña, feliz cumpleaños.
PD:
Tienes mi permiso de recorrer el hospital, absolutamente todo el hospital, pero
solo te pido una cosa: Ten cuidado con la sala de partos y la sala de urgencias
¿Entendido?
Elle
Sonreí y abrí el paquete
color celeste, contenía unas mayas blancas, una falda hecha a cuadros color
café y un sweater y camisa a juego, con delicados y graciosos zapatitos negros.
Le di un rápido mordisco a
mi pastel y entré a la regadera, bañándome con velocidad, al terminar me cambié
y noté que la ropa me quedaba bien y me gustaba como se me veía, me cepillé
como pude, Lily tenía razón, un cepillo no entra ni forzosamente en mi melena.
-Así que…tengo todo el
hospital bajo mis pies…- Dije y una sonrisa maliciosa se dibujó en mi rostro.
Salí corriendo de la
habitación, chocando con una enfermera regordeta, que sonrió divertida al verme
murmurando algo parecido a: “Estos niños”.
Todo el día me la pasé
recorriendo oficinas, comedores y salas de pacientes, algunos me felicitaban
por mi cumpleaños y yo les ofrecía mi más sincera sonrisa.
Fue cuando llegué ahí…
Estaba en frente del
ventanal de la habitación de donde guardan a los bebés recién nacidos,
clasificándolos en rosa (Para las niñas) y azul (Para los niños) sonreí al ver
que algunos dormían, otros lloraban y unos cuantos miraban la habitación,
preguntándose en donde estarían.
De repente, mi corazón
recibió una descarga eléctrica que hizo que recargara mi brazo sobre la blanca
pared, lo vi…
Un bebé envuelto en una
manta azul, me miraba a través del ventanal, con mirada de inocente curiosidad,
tenía la piel de color y los ojos de un hermoso marrón, decorados con un brillo
especial.
“Un
hermoso brillo plateado que hacía perder la razón, pero si veías más al fondo,
podías ver una pequeña chispa dorada”
Miré con detenimiento la
tarjeta que tenía en su cuna de cristal:
Nombre: Katherine Esther
Jackson
Fecha de nacimiento:
29-VII-58
Sexo: Masculino
Habitación: 205
Lo había encontrado… Las calles de Gary estaban
abandonadas, sólo se escuchaban los susurros del viento, que parecían alentarme
a continuar.
Y ahí estaba yo, con una
mochila en los hombros, el pelo volándome en la cara, con un viejo blusón
violeta desteñido por su uso y unos sucios pantalones blancos.
Sí, esa era yo, una
“Valiente” niña de 9 años, una tonta niña de 9 años, esa niña que había
escapado de casa, que había escapado de una tiranía, una tiranía disfrazada de
ojos grises, de los ojos de mi madre.
Desde que mi padre había
muerto, ella se había perdido, sucumbiendo a todas las adicciones existentes,
pero no lo hacía por tristeza, si no por
todo lo contrario, ella pensaba que si él se moría, ella por fin obtendría su
libertad, una libertad añorada desde que yo había nacido, llevaba diario un
hombre distinto, sin importarle quien estaba en la casa, si estaban mis hermanos
le daba igual y si estaba yo, la misma historia.
En una de sus aventuras,
había quedado embarazada, ese día recuerdo que me puse furiosa, pues si ni
siquiera era capaz de cuidarme a mí o a mis hermanos, no iba a ser capaz de cuidar a
un recién nacido, había dado a luz a un hermoso bebé de ojos azules, a mi
hermano Maurice, al que abandoné con apenas dos meses de nacido, en el momento
en el que estaba a punto de irme, lo miré, me miraba con curiosidad, con sus
bonitos ojos azules brillando con duda y tuve el impulso de cargarlo y
llevármelo, pero ¿Qué haría yo con un bebé de dos meses? Ni yo misma puedo
garantizar mi supervivencia.
Mi madre me odiaba por mi
parentesco a mi padre, el mismo cabello castaño, la mayoría de veces esponjado,
los enormes ojos marrón que a la luz cambian a miel y mis mejillas pálidas, mi
padre era igual, en cambio mi madre era de ojos grises, un gris que solo era
capaz de compararse con las nubes de una tormenta, tenía el pelo pelirrojo,
casi naranja, mis hermanos David y Elliot habían heredado su cabello, pero los
ojos eran de mi padre y el pequeño Maurice tenía los ojos azules (Provenientes
de la aventura de mi madre) y era tan pálido como la cera.
Enormes y temerarias nubes
grises se asomaron en el cielo, estábamos en pleno agosto.
Agosto de 1958 para ser
exacta.
Una pequeña gota cristalina
resbaló por mi rostro, le siguieron muchas más hasta que se desató una
tempestad.
Corrí a refugiarme en una
florería, que tenía un techo de mármol blanco, me oculté en él y me escapé de
la lluvia.
Amaba la lluvia, cuando era
pequeña y se soltaba una tempestad como esta, papá sacaba dos impermeables
azules, uno para él y otro para mí, me ponía un sombrero a juego y salíamos a
la lluvia, a mojarnos y a jugar, con papá había momentos en los que era,
realmente… feliz, aquellos momentos que se tatúan en tu mente y son incapaces
de borrarse, aquellos momentos en los que sientes que sin ellos, estarías
incompleto, aquellos momentos en los que sientes que esos momentos se grabaron
en tu corazón y no se piensan mover de ahí.
La lluvia parecía eterna, al
mirar al cielo gris, pude ver ahí los ojos de mi madre, observándome con odio y
con rencor, lo cual hizo que me encogiera de miedo.
Cerré los ojos y me dejé
llevar por el sonido de las gotas que repiqueteaban en el pavimento.
Sueño que estoy en un lugar
oscuro, de repente una por una, empezaron a aparecer estrellas, brillantes
estrellas blancas que parecía que estaban decididas a dejarme ciega, tuve que
entrecerrar los ojos para que la luz no los dañara.
Hay una silueta enfrente de
mí, un niño, al principio no lo puedo distinguir bien, pero cuando las
estrellas se empezaron a apagar, pude observarlo bien, parecía frágil, más
joven que yo, como de unos 7 años, un pequeño que necesita una cobija para que
lo resguarde del frío, tenía la piel de color chocolate, un hermoso color
chocolate, sus ojos eran lo que sigue de increíbles, marrones, tan grandes como
unos caramelos de regaliz, tenían un brillo especial, un hermoso brillo
plateado que hacía perder la razón, pero si veías más al fondo, podías ver una
pequeña chispa dorada y su sonrisa ¡Demonios! No creo que haya alguien en este
planeta que tenga una sonrisa como aquella, brillante, como si para crearla
Dios hubiera buscado las perlas más hermosas y blancas del planeta, o incluso
de otros planetas y las hubiera juntado todas.
Él se acerca y noto un
extraño corte de pelo, el famoso “Afro” que utiliza la gente de color, luce
unos alegres pantalones púrpuras y una camiseta a juego, me mira y me acaricia
la mejilla.
En ese momento unos pequeños
ataques eléctricos recorren mi mejilla, como si ese pequeño al tocarme creara
magia.
Siento unas enormes ganas de
crear un campo protector alrededor de él, a pesar de ser un poco más alto para
su edad, sigue siendo un pequeño niño, en ese instante, todo se evapora y yo
abro los ojos.
Estoy en la misma florería,
acostada en el pavimento, la dueña al parecer se tomó la molestia de colocar
una frazada sobre mí.
Al levantarme miro de un
lado a otro, la florería está cerrada y la calle está solitaria, casi tétrica,
me he levantado demasiado temprano.
Sujeto la frazada y me
levanto, no creo que a la dueña le importe mucho que me la lleve, no tuvo la
suficiente importancia para ella y se la aventó a una niña rota que estaba
dormida en la entrada de su florería.
Camino por las calles
desiertas.
Ahora, mis hermanos no han
de estar en casa, desde que mi padre había muerto, ellos se habían perdido de
tristeza y ahora, eran adictos a la cocaína y la heroína, tenían un contacto en
el lado oscuro de Gary y cada noche salían a perderse a las adicciones y
regresaban en la mañana, obviamente a mi mamá no le importaba, ella en este
instante ha de estar dormida, acostada con un hombre del que de seguro ni
siquiera recuerda su nombre, no creo que mi ausencia se note, yo era como una
mota de polvo, la cual siempre estaba ahí, pero que nadie se había molestado en
quitar, así que la pequeña mota de polvo prefirió quitarse sola.
Recuerdo al pequeño de mi
sueño y sin poder evitarlo, una sonrisa espontánea brota de mis labios, era tan
frágil y pequeño, pero al mismo tiempo se podía ver que poseía valentía y
fuerza, dos cualidades que yo nunca poseeré.
¿Existiría alguien así en
este planeta? La verdad lo dudo, de todas las personas que he conocido ninguna
es como él, ninguna posee aquella magia en la mirada, aquella sonrisa…
La madrugada se empezaba a
marchar con la llegada de un sol abrazador.
-El clima de Gary es una
locura. Dije, de hecho, este verano era un verano bastante cálido, así que la
tormenta hizo que todo el calor que tenía la tierra se evaporara y eso hacía
que el calor se hiciera más fuerte.
Ayer parecía que el cielo se
venía en sima y ahora siento que con tan solo estirar la mano podré tocar el
sol.
Me quito la frazada y la
doblo rápidamente, el sol entra por todas partes, el cielo de un azul intenso,
está despejado.
En los días de sol, papá nos
llevaba a mí y a mis hermanos a un pequeño parque cerca de casa, donde había un
pequeño lago y en ese parque había una familia de conejos blancos, que salían a
tomar el sol y tomar agua, yo recostaba los más pequeños en mi regazo.
-¿Crees que provengan del
país de las maravillas papá?- Le preguntaba inocentemente.
-Puede ser Emma, pero… ¿A
caso vez que alguno traiga un reloj de bolsillo?- Me decía él con una sonrisa,
Alicia en el País de las Maravillas era mi historia favorita, me identificaba
mucho con Alicia y luego bromeaba con papá, diciéndole que él era mi sombrerero
loco.
-Puede que lo hayan
olvidado. Él reía con mis ocurrencias y yo al verlo feliz, era la persona más
afortunada del mundo.
Pero este sol no era alegre,
ni risueño, como lo era en aquellos días, si no que era destructor y sofocante,
dispuesto a aniquilarme, en verdad sentía que en cualquier momento me iba a
venir abajo, o tal vez era el efecto de la deshidratación y el hambre, no había
comido ni tomado nada desde que escapé.
Un dolor de cabeza
insoportable me atacó de repente, provocando que cerrara fuertemente los ojos y
que mis rodillas chocaran contra el pavimento.
-Vamos Emma, al menos busca
la sombra de un árbol.
Me dije, como para darme
ánimos, con la cabeza doliéndome y el sol a todo lo que daba, con trabajo y me
podía mover, pero para gran fortuna mía, había nacido con una gran fuerza de
voluntad.
Llegué a un enorme roble y
me cobijé entre sus ramas, ocultándome del sol.
Recargo mi espalda en el
tronco y me permito darme un respiro y relajarme, pensar que nada de esto es
real y que ahora apareceré dentro del pequeño parque con papá y los conejos
blancos.
Las ramas empiezan una
rítmica danza con el viento, su sonido me acuna y cierro los ojos.
Pero el instante dura poco
El sol parece hacerse más
grande de lo normal y parecía que quería acabar conmigo en ese instante, las
calles se empiezan a llenar de gente que se mueve desesperadamente,
persiguiendo algo, un sueño tal vez, pues espero de todo corazón que cualquier
sueño que anhelen, lo alcancen, porque si no, terminarán como yo.
Una niña rota, proveniente
de una familia disfuncional, de dos hermanos mayores rebeldes, una madre que no
quería ese título y huérfana de padre, el mejor padre que una persona pudiera
desear, pero lamentablemente para mí, se había esfumado para siempre.
Toco mi mochila, mi pequeña
mochila negra, en la que según yo, había empacado lo esencial, un poco de ropa
y latas de sopa, pero era tan brillante que había olvidado colocar agua.
-Genial. Dije con sarcasmo.
No tenía a donde ir, no
tenía rumbo fijo.
A veces siento que no
pertenezco a este mundo, que mi hogar está lejos de aquí, que en ese hogar
estará una familia, mi verdadera familia, con mi padre en ella, recibiéndome
con galletas de chispas de chocolate y un reconfortante vaso de leche y no sé
porqué relaciono ese hogar perfecto y acogedor con el pequeño que soñé.
Mi padre tenía la teoría de
que a veces soñábamos con lo que nos pasaría en el futuro, que nuestra mente
adivinaba lo que nos sucedería después y lo plasmaba en imágenes mientras
dormíamos, para después originar los famosos “Deja Vu”
Abrí una lata de sopa y me
la empezaba a comer a tragos, como si estuviera tomando alguna bebida.
Podía regresar a la casa y
tomar toda el agua que pudiera, pero para estos momentos mis hermanos ya
regresaron de su aventura nocturna y si me veían, me preguntarían a donde iba,
querrían venir conmigo y para ser sincera, no quería que eso sucediera, sería
como mantener a dos bebés que no saben controlar sus actos.
-Vaya, será mejor que me
mueva de aquí.
Busco en el fondo de mi
mochila y me encuentro con diez dólares, esto me servirá.
Me levantó y caminó, el sol
me da en la cara y hace que el dolor se incremente más.
Llego a un pequeño puesto de dulces y me compro una
botella de agua, saboreo cada gota y me la acabo rápidamente.
-Al menos podré continuar,
aunque sea por otros minutos- Digo con los ánimos arriba, ya alimentada e
hidratada, podía continuar.
Camino por una avenida llena
de gente, la mayoría de ellos sujetando enormes portafolios murmurando
tecnicismos, los cuáles no entiendo.
Me sentía como un flamenco
en una parvada de palomas, como una mancha negra en una hoja blanca.
El pequeño de mi sueño no
para de rondar por mi mente y lo sentía extrañamente cercano a mí, como si
fuésemos conocidos de años y sentía que a él le podía confiar toda mi vida,
aunque sólo fuera un personaje de mi imaginación, a menos que la teoría de papá
fuera verdad y lo viera en el futuro y si es así, me aseguraría de estar con
ese pequeño todo el tiempo, su sonrisa se había vuelto esencial para mí y cada
vez que cerraba los ojos la veía, era como si esa sonrisa habitara en mi mente
para siempre.
El ruido de los automóviles
y los gritos de la gente me sacan de mis pensamientos, alejando al pequeño de
sonrisa brillante.
-¡Niña! ¡Concéntrate por
dónde pisas!-Me chilló una señora que estaba en frente de mí, la cual había
pisado sin querer, tenía la cara hundida en maquillaje, se notaba que tenía
influencias en alguna parte.
-Perdón- Dije, pero como
tenía que ser yo, una niña que utilizaba el sarcasmo y la ironía a la
perfección, se me ocurrió contestar- Pero aún así, si sus “Hermosos” zapatitos
de seda se arruinan, para usted sería perfecto ¿No?
-¿Por qué? Me contesta ella
y tengo oportunidad de observarla bien y compruebo mi teoría, era Isobel Rosenberg,
la esposa de un afamado senador de Indiana.
-Porque ya tiene otra excusa
para hacerle un berrinchito a su marido para que le compre otros - Le digo y
ella compone una cara, que casi me provoca que suelte una carcajada, parece que
alguien le lanzó un escupitajo en la cara y de repente suelta un estridente
grito.
-¡Tú que vas a saber niña!-
Me grita mientras me señala con su regordete dedo- ¡A puesto a que tú en tu
miserable vida vas a comprar unos zapatos como estos!
-¿Para qué los querría?
¿Para terminar como usted? No, gracias, el planeta tiene suficiente con usted.
Le dije y le dediqué una cómica mirada que pretendía ser desdeñosa.
Ella despegó los labios,
pero no dijo nada y se me quedó mirando como si fuera la peste más grande del
mundo.
-Mocosa grosera, mediocre y
asquerosa.
¿Quiere jugar a los
adjetivos calificativos? Bien…Juguemos.
-Señora obesa, presumida y
odiosa. Le respondí, pero eso fue la gota que derramó el vaso.
Isobel empezó a soltar
improperios al aire y de repente nos vimos rodeadas de un círculo que habían
formado varias personas, observando nuestra escena.
-¿La podemos ayudar en algo
señora Rosenberg?
La mujer pareció recuperar
su cordura y moviendo su cabello rubio (Obviamente teñido) dijo con dramatismo:
-Sí oficial, esta…esta-
Empezó a decir y noté que buscaba una palabra hiriente para definirme-
pandillera ¡Me ha insultado! ¡A mí! ¡A
la esposa del senador Rosenberg!
Noto una fuerte opresión en
cada uno de mis brazos y veo a cada lado a dos hombres que me sacan varios
centímetros, incluso me podrían sacar un metro, ambos son altos y fornidos, sus
rostros hacen que se me enchine la piel, es como observar un rostro toscamente
pulido en piedra.
-¿Qué quiere que hagamos con
ella?- Le pregunta uno de los policías
Ella sonríe de forma
maligna, al parecer, sabe el mejor castigo para mí.
Me llevarán a un orfanato,
pienso al instante.
He escuchado de esos
horribles lugares, al menos aquí en Gary, los orfanatos son lugares donde
duermes en el piso, te azotan si no obedeces y te dan de comer las sobras de
los animales, sería como regresar con mi madre y mi escape no iba a ser en vano
y de eso estaba segura.
Le suelto una patada a uno
de los oficiales, el otro me suelta al ir a ayudar a su amigo y salgo corriendo
de ahí.
-¡Que no escape!- Escucho
que chilla Isobel.
Corro lo más rápido que
puedo, brincando cosas y empujando personas, pero me enfrento con lo
desconocido, esta zona de Gary yo nunca la había visitado.
-Ven niña, vas a ver que el
orfanato no está tan mal, a veces te dejan las sobras de los perros y esos
casi ni comen. Dijo maliciosamente un
policía, el otro soltó una carcajada y me vi obligada a correr más rápido.
Me introduzco en una pequeña
calle que da hacia el otro lado de la ciudad y me pierden de vista.
Tomo el aire que mis pulmones
me exigen, mi corazón late como un pequeño colibrí, rápida y desesperadamente,
siento que en cualquier momento se me va a salir del pecho.
Me toco el hombro y un
sentimiento aflora en mi estómago, me invade el pánico, mi mochila negra, ya no
está conmigo, se me debió de haber caído en la persecución.
-¡Demonios!- Grito, ahí en
esa mochila estaba depositada mi supervivencia, al menos por unos días, ahí
estaba la comida, la ropa y si corría con suerte otros 10 dólares.
Estoy perdida, la calle en
la que estoy la desconozco y no sé el camino por el que llegué.
Pienso opciones, una cada
vez más descabellada que la anterior y me rindo, los policías me han de estar
buscando todavía para entregarme al orfanato, no es seguro regresar, me
perdería más.
No encuentro solución, no
hay solución.
-Creo que me voy a tener que
dejar llevar- Digo rendida y me recuesto debajo de una banca polvorienta y
vieja, observando cómo pasa el día, veo los zapatos de la gente, ir de un lado
a otro, ninguno me ve, he escogido un buen lugar para desvanecerme, nadie puede
hacer nada por mí.
Cada día empeoro
considerablemente, mi garganta está más cerca que el desierto y puedo sentir
los huesos de mis costillas, mi estómago no para de rugir, es como si estuviese
furioso conmigo, pues sus rugidos son fuertes.
-Solo cierra los ojos Emma,
esto pasará rápido. Me digo y mis ojos opacos y cansados, se cierran.
Estoy en un lugar con muros
blancos, el piso es vidrio fino y me da miedo moverme, por temor a romperlo.
-Se fuerte Emma, que la vida
te tiene preparado algo mejor, mi teoría era cierta pequeña, puedes soñar con
tu futuro, se fuerte por aquellos ojos marrones que tanto te van a necesitar en
el futuro, porque para ellos tu vas a ser su protección y complementación y tu
encontrarás lo que tanto buscas.
La voz de mi padre resonaba
en las paredes, pero él no estaba, dejando un extraño mensaje, un mensaje que
tenía que ver con aquel pequeño de ojos castaños.
“Porque para ellos tu vas a
ser su protección y complementación y tu encontrarás lo que tanto buscas.”
Abro los ojos y veo que no
estoy debajo de la banca de aquel lugar desconocido de Gary, si no que estoy en
una reconfortante cama blanca, a lado de mí hay muchos tubos y máquinas
extrañas, típicas de hospitales.
Estoy en un hospital.
-Sufría de deshidratación y
desnutrición, se notaba que no se había llevado nada a la boca en días, estaba
más pálida que la harina ¡Me llevé un susto de muerte cuando la trajo! Pobre
niña, pero aún así, tuvo suerte con que usted la encontrara, Doctora Bucket.
Dice una voz joven, de una chica de 20 años máximo.
-¿Cómo está ahora?- Preguntó
una voz más madura, pero más cálida y maternal.
-Creo que sigue dormida,
pobrecilla, ha de estar muy cansada, le pusimos suero para hidratarla y dentro
de 20 minutos voy a llevarle comida, si no es que antes, ay, pobre pequeña-
Responde la chica.
-Gracias por informarme
Lily, iré a verla.
Escucho como se abre la
puerta de mi habitación y entra una mujer.
Era atractiva, de pelo largo
hasta la cintura, color chocolate, los ojos del mismo tono y mismo brillo de
las esmeraldas y una boca que parecía que todas las cerezas se habían ido a
vivir ahí, al verme despierta, esbozó una sonrisa.
-Que bien que ya despertaste
bella durmiente. Dijo con voz maternal, como si se dirigiera a su hija
favorita- Soy Elle Bucket, pero puedes decirme Elle.
-Hola. Dije bajando la
cabeza, sintiendo el calor de mis mejillas sonrojadas, ninguna mujer me había
tratado así, con tanto cariño.
-¿Cómo te llamas?
-Emma, Emma Millikent.
Respondo ¡Maldita sea Emma! Nunca has sido así ¿Porqué con la doctora Bucket
eres así?
La doctora camina hacia mí y
se posa de mi lado derecho.
-Y dime Emma… ¿Qué hacías
debajo de una polvorienta banca?
La respuesta salió de mi boca sin que yo le diera permiso, tal
vez ya tenía la respuesta hecha desde antes y por eso actué automáticamente.
-Esconderme. Dije y pude
observar mejor, tenía facciones delicadas y perfectas, como si las hubiera
moldeado el mismo Miguel Ángel, tenía una cintura pequeña y su bata le daba un
toque angelical.
Estaba preparada para que se
me viniera en sima una ola de preguntas, pero en vez de eso, recibí un:
-Vaya- Susurró- ¿Tienes
familia?
Guardé silencio entonces, si
le decía que sí, me regresarían con ellos y no lo podía permitir, regresar a
ese lugar que parecía estar a dos cuadras del infierno, sería horrible para mí.
-No.
-¿Ni siquiera un pariente
lejano?
-No.
Se quedo pensativa, como si
tratase de encontrar las palabras correctas.
-Vaya- Dijo, con un toque de
tristeza en su voz- Tendremos que llamar al orfanato, es la única alternativa
que veo, para que vengan a recogerte.
El pánico inundó mi cuerpo.
-¡No!- Grité y como acción
desesperada, rodeé su cintura, abrazándola fuertemente, hundiéndome en su bata,
que tenía un dulce olor a menta con vainilla.
Alcé la mirada y la vi, con
cara de confusión, esperando una respuesta.
-Me dan miedo esos lugares-
Dije asustada- por favor Elle, deje que me quede aquí, al menos unos días.
Ella respondió a mi gesto
desesperado acariciando mi rebelde melena, que noté, estaba peinada y acomodada
en mi espalda, alguien se había ocupado de mí en estos días, tal vez la chica
llamada Lily, noté como lágrimas cristalinas brotaban de mis ojos, escapando
urgentemente de ahí.
Ella no dijo nada, se quedo
mucho tiempo acariciando mi cabello y yo no la soltaba.
-Veré que puedo hacer por
ti. Dijo y me desaté de ella, me dirigió una maternal sonrisa y salió de la
habitación.
Ojalá y pueda hacer algo,
ojalá y me dejara quedarme ahí unos días más, ojalá y así fuera.
Me recuesto en mi cama y
sujeto fuertemente mi almohada, las lágrimas no han dejado de caer por mi rostro,
tenía miedo, mucho miedo, pierdo la noción del tiempo, aunque en realidad, ya
la había perdido desde que había salido de esa casa.
Si Elle no encuentra que
hacer conmigo, escaparé, no permitiré que me lleven al orfanato, escaparé y me
iré de Gary, a un lugar mejor, aunque tenga un futuro incierto, pero es lo que
tengo que hacer, tal vez lejos de aquí, esté el niño de sonrisa brillante y tal
vez me esté esperando lejos, tal vez ya sabe que, me va a ver algún día.
-Dice que no tiene
familiares en Indiana- escucho que dice Elle- Eso es angustiante ¿Qué podremos
hacer por ella?- Pregunta con un toque de preocupación en su voz.
-Se puede quedar aquí unos
días- Sugiere una voz, que reconozco como la de Lily- A parte, investigué sobre
ella, su madre, Anna Millikent y su padre Edward Millikent, están desaparecidos
o tal vez muertos, la computadora no registra datos sobre ellos y por si fuera
poco, dentro de una semana es su cumpleaños.
¡Mi cumpleaños! Con todo
esto, se me había olvidado que, el 29 de agosto de 1948, había nacido y que
dentro de una semana, el 29 de agosto se repetiría para festejar mi décimo
cumpleaños.
-Cierto, podría ser como un
regalo para ella- Analiza Elle- Pero después… Creo que tendremos que
encontrarle un hogar, un verdadero hogar, porque por algo escapó del suyo.
Sonreí para mis adentros y
quise salir para besar a Lily y a Elle en ambas mejillas, habían encontrado una
solución.
-¡En esta ciudad hay muchos
padres que se mueren por tener un hijo!- Dijo Lily con tono alegre- Y ella es
una niña linda, seguro tendrá una buena familia.
Se escuchan pasos, volteo y
no veo a nadie, se han ido.
Pero lo he conseguido, al
menos me quedaré aquí hasta mi
cumpleaños, un tiempo perfecto para preparar un plan para escapar por si el
plan de la adopción no resulta.
El clima se vuelve loco,
desde la ventana de mi habitación puedo ver cómo las nubes grises se empiezan a
acumular en el cielo, antes azul.
Se escuchan truenos, o como
yo les llamo, los “Tambores del cielo”.
La lluvia empieza a caer y
me le quedo observando por un buen rato, hasta que Lily me interrumpe entrando
a mi habitación, trae una bandeja de plástico cargada de comida, se me
retuercen las tripas de hambre.
-¡Hora de la comida!- Dice
con tono alegre, he llegado a pensar que en Lily, los únicos sentimientos que
llenan su corazón son alegría e inocencia- Te hemos administrado suero, tu
deshidratación era increíble pequeña- Me dice mientras acaricia mi mejilla y
tengo la oportunidad de observarla bien- tiene el pelo negro como el carbón y
los ojos verde mar, increíblemente hermosos, nariz recta y labios rosados
rellenan su rostro.
Respondo a su gesto cerrando
los ojos, sintiendo el tacto de su piel, suave como algodón.
Deja la bandeja en mi regazo
y observo bien lo que contiene, un plato de sopa de verdura, otro con carne de
res y lechuga y de postre, un exquisito pastel de chocolate.
-Tal vez no sea una comida
gourmet pero…- Empieza a decir tímidamente, pero la corto.
-Es…perfecta, gracias- Digo
con una reluciente sonrisa, la más reluciente que he esbozado en toda mi vida y
la abrazo, rodeando su cintura con mis pálidos brazos.
-Me alegro. Dice
entrecortadamente, voy a ser conocida como la niña que da abrazos espontáneos.
Al soltarla, ella con una
sonrisa, se va caminando, su caminar es extraño, parece a penas tocar el suelo
cuando camina.
Bajo la cabeza y miro toda
la comida, toda para mí…
Me abalanzo sobre ella,
saboreo cada cucharada de la sopa y me como a mordiscos la carne, me detengo
cuando noto que una figura femenina me observa, Elle está enfrente de mí,
conteniendo una risa y yo me pongo colorada como un jitomate, me acaba de ver
comer como si yo fuera un animal, con la cara sucia de comida.
-Te están nutriendo bien
¿Verdad?- Dijo divertida- Se veía que tenías mucha hambre, así que le pedí a
Lily que te consintiera-Dijo y empezó a reír, su sonrisa era parecida a
pequeñas campanitas.
-Sí. Dije todavía más roja,
en cualquier momento mi cara estallaría en llamas.
…
Los días pasaban rápido, el
tiempo parecía un adorno nada más, como un recuadro pequeño en una enorme
habitación llena de antigüedades, me despertaba con unos pequeños y pálidos
rayos de sol, que después eran sustituidos por lluvia (Al fin el clima había decidido
cómo iba a estar y no estaba tan cambiante), Lily y Elle se portaban tiernas y
graciosas conmigo, Lily me hacía reír con sus ocurrencias, cómo comparar mi
cabello con monstruo café “¡No se te
puede pasar un cepillo en tu cabeza niña! ¡Tu cabello se lo come!” me decía o
caerse cómicamente, Elle era serena y siempre estaba al pendiente de mi estado
de salud, diciéndome que a diferencia del primer día, ya parecía un ser humano.
Ya me podía parar de la cama
y me dedicaba a husmear por todo el hospital (Bueno, solo a lo que Elle me
permitía, lo sé, soy una rebelde), asustando a enfermeras y chocando con
personas, que sonreían divertidas.
Y entonces llegó el día…
Desperté con un trueno y la
lluvia se vino en sima de la tierra, enfrente de mí, había un pastel de
chocolate, junto con un envoltorio celeste, en el cuál tenía una nota
delicadamente envuelta, sonreí y la abrí.
“Querida Emma:
Feliz
cumpleaños, espero que el pastel que Lily hizo con todo su cariño sea de tu
gusto y la ropa te agrade (La escogí especialmente para ti), en verdad
diviértete hoy cariño, has demostrado ser una niña inteligente y muy divertida,
te has ganado mi corazón, te quiero pequeña, feliz cumpleaños.
PD:
Tienes mi permiso de recorrer el hospital, absolutamente todo el hospital, pero
solo te pido una cosa: Ten cuidado con la sala de partos y la sala de urgencias
¿Entendido?
Elle
Sonreí y abrí el paquete
color celeste, contenía unas mayas blancas, una falda hecha a cuadros color
café y un sweater y camisa a juego, con delicados y graciosos zapatitos negros.
Le di un rápido mordisco a
mi pastel y entré a la regadera, bañándome con velocidad, al terminar me cambié
y noté que la ropa me quedaba bien y me gustaba como se me veía, me cepillé
como pude, Lily tenía razón, un cepillo no entra ni forzosamente en mi melena.
-Así que…tengo todo el
hospital bajo mis pies…- Dije y una sonrisa maliciosa se dibujó en mi rostro.
Salí corriendo de la
habitación, chocando con una enfermera regordeta, que sonrió divertida al verme
murmurando algo parecido a: “Estos niños”.
Todo el día me la pasé
recorriendo oficinas, comedores y salas de pacientes, algunos me felicitaban
por mi cumpleaños y yo les ofrecía mi más sincera sonrisa.
Fue cuando llegué ahí…
Estaba en frente del
ventanal de la habitación de donde guardan a los bebés recién nacidos,
clasificándolos en rosa (Para las niñas) y azul (Para los niños) sonreí al ver
que algunos dormían, otros lloraban y unos cuantos miraban la habitación,
preguntándose en donde estarían.
De repente, mi corazón
recibió una descarga eléctrica que hizo que recargara mi brazo sobre la blanca
pared, lo vi…
Un bebé envuelto en una
manta azul, me miraba a través del ventanal, con mirada de inocente curiosidad,
tenía la piel de color y los ojos de un hermoso marrón, decorados con un brillo
especial.
“Un
hermoso brillo plateado que hacía perder la razón, pero si veías más al fondo,
podías ver una pequeña chispa dorada”
Miré con detenimiento la
tarjeta que tenía en su cuna de cristal:
Nombre: Katherine Esther
Jackson
Fecha de nacimiento:
29-VII-58
Sexo: Masculino
Habitación: 205
Lo había encontrado…
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