Capítulo III: De la oscuridad a la luz.

miércoles, 15 de enero de 2014

Creo que al final esto me tendría que pasar, al final mi destino había sido ese, no lo que me dictaran mis sueños ni los de las demás personas, fui tonta por creer que eso podía ser, fui tonta por pensar que la teoría de mi papá era cierta, pues no lo era y lo que me estaba sucediendo era la prueba.
Tomé la poca ropa que tenía y la metí en una bolsa de plástico que había encontrado en la habitación, el cabello se me había secado y por lo tanto lo traía más esponjado de lo normal, parecía un león andante, me amarré el cabello en una improvisada coleta de caballo, para no sentir su peso sobre mí, Elle me está esperando afuera, junto con Lily, ellas me guiarán a la salida donde estará el autobús esperándome.
Lily solloza en silencio y Elle tiene la mirada seria, con el entrecejo fruncido, como si lo que estuviera sucediendo en esos momentos no le agradara ni tantito, creo que a nadie le agrada ver como una niña de 10 años se marcha a uno de los peores lugares del estado.
El orfanato de Gary es un edificio pálido, alto y tétrico, diario se escuchan lloriqueos de niños  pequeños, la comida no puede llamarse así, pues nada más son migajones de pan de los animales o si tienes mucha suerte, carne echada a perder, las camas son viejas y la mayoría de las veces tienen polvo en ellas, las maestras son estrictas contigo, si desobedeces te llevan a castigar, te azotan o si te va bien, solo te golpean la cara, de tan sólo pensar esa idea un escalofrío recorre mi espalda.
-¿Estás lista?- Me pregunta Elle titubeante, yo digo que sí con una cabezada y le tomo la mano, volteo y miro la habitación, para despedirme de ella, puesto que sería la última vez que la vería, la última vez que estaría aquí.
¡La última vez que estaría aquí! Ya no podría ver más a Katherine, ni a Michael, no los podría ver más, aunque sea lo más masoquista del mundo, me tengo que despedir de ellos, quiero ver a Michael por última vez, quiero sostenerlo en mis brazos por última vez, quiero sentir paz por última vez, quiero mirar sus ojos…aunque sea por última vez.
-¡Esperen! Les grito a Lily y a Elle, que ya estaban dispuestas a irse directamente al estacionamiento, ellas me miran sorprendidas, esperando una explicación- Me tengo que despedir de alguien.
 Corrí hacia la habitación 205, no se escuchaban ruidos, Katherine estaba todavía dormida lo más seguro, miro al reloj de pared, marcan las 8:30 de la mañana, sí, debe de estar descansando.
Tomo el picaporte entre mis manos y abro la puerta, para saber que mi teoría era falsa, Katherine estaba despierta, observando el amanecer.
-¿Katherine?- Pregunto, ella voltea y sonríe al verme, pero al instante su sonrisa se borra al ver mi expresión.
-¿Qué sucede?- Me pregunta preocupada- ¿Pasó algo malo ayer?
-No, nada. Digo y noto como las lágrimas luchan por invadir mis ojos castaños, no quiero llorar enfrente de ella, solo la preocuparía más.
-Ven. Dijo extendiendo sus brazos y yo por instinto, corrí hacia ella, como si de ello dependiera mi vida, me refugie en los pliegos de su pijama de lana y solté una que otra lágrima.
-Sólo vengo a despedirme. Digo dando un sollozo, demonios, como me dolía despedirme de alguien de quien me había encariñado con tan sólo dos días de conocerla.
-¿Despedirte? ¿Ya te vas?-Me pregunta triste.
-De hecho, debí de haberme ido desde la fecha de mi cumpleaños, el 29 de Agosto, pero por alguna razón que no sé, no me dijeron nada, hasta hoy en la mañana, me dijeron que empacara mis cosas, las pocas pertenencias que tengo, pues me voy al orfanato, nadie vino y me reclamó o me quiso adoptar así que me iré ahí. Las lágrimas empezaban a recorrer mis mejillas y descendían hasta mi barbilla, odiaba llorar, lo odiaba con todo mí ser.
En la mirada de Katherine se dibujó una expresión de terror.
-¿A caso no saben lo horrible que es ese lugar? ¡Es sabido por todo el mundo que tratan a los niños peor que a animales!- Dijo asustada, tenía miedo… de que algo me pasara.
-No puedo hacer nada Katherine- Dije para mi pésame- Me han atado de manos, tendré que ir ahí y saldré cuando cumpla 18, tal vez los vaya a visitar, claro si todavía viven en Gary.
Katherine negó con la cabeza y de la nada, se levantó de su cama, me acerqué a ella para ayudarla, pero ella negó, dándome gracias con una mano y salió de su habitación.
Yo la seguía por detrás, esperando que no hiciera ninguna locura y se metiera en problemas.
-¡Señora Jackson!- Le gritó una enfermera- ¡Usted no puede estar de pie!
Pero Katherine hizo caso omiso a lo que le decía la enfermera, yo corría detrás de ella, a pesar de haber salido de un parto a penas hace día y medio,  da grandes zancadas.
Llegamos hasta donde están Elle y Lily, que me miran con impaciencia.
-El autobús ya llegó ¿Dónde te habías metido?- Me pregunta Lily, cuando estoy dispuesta a responder, Katherine abre la boca.
-No voy a permitir que se lleven a Emma al orfanato de Gary. Dijo seria y secamente, me invadió el pánico ¿Qué pretendía hacer?
-Lo lamento señora, pero el plazo de Emma se ha cumplido y usted bien sabe que les pasa a los niños que no tienen un hogar…- Empezaba a explicarle Elle, pero Katherine le cortó la oración.
-¡Esta niña sí va a tener un hogar! ¡Puesto que se va a ir conmigo!
Si alguien externo hubiera visto esa escena, le hubiera parecido de película, yo abrí la boca y los ojos prácticamente al mismo tiempo, Elle tenía la boca fruncida pero los ojos más abiertos que dos enormes ventanales, a Lily se le habían caído las notas que traía en las manos y miraba estupefacta a Katherine.
-¿Está diciendo que planea adoptar a Emma?- Le preguntó Elle.
-Claro que estoy dispuesta a adoptar a Emma, esta pequeña se ha robado mi corazón desde el principio y debe de saber que yo nunca dejaría que ella sufriera, aunque mi vida dependiera de ello.
Lily se llevó las manos al corazón, conmovida por las palabras de Katherine, la verdad, yo tenía ganas de echarme a llorar en ese instante, nadie me había tratado con tanto amor desde que mi padre había muerto y que Katherine lo hiciera en estos momentos, me hacía sentir plena, querida, me hacía sentir que después de todo, yo no era una simple mota de polvo, yo era una persona, una niña a la que al menos una persona quería.
-Bueno, pero el proceso de adopción es bastante largo, primero tenemos que completar…-Empezó a decir Elle de nuevo, pero Katherine la volvió a interrumpir.
-No me importa cuánto papeleo se tenga que hacer doctora, quiero que Emma esté hoy mismo en mi casa.
Lily y Elle se miraron confundidas, pero Lily sonrió y esa sonrisa fue lo que cambió todo.
Elle realizó dos llamadas, una para cancelar la cita con el orfanato y otra para pedir un taxi para que me llevara a la casa de Katherine.
-¿Dónde vive señora Jackson?- Le preguntó Lily a Katherine mientras ella tomaba un papel y un bolígrafo negro.
-2300 Jackson Street, pero antes, me gustaría hablar con mi esposo, no quiero que esto lo tome por sorpresa.
Me había olvidado completamente de Joseph
Recuerdo como me había tratado el día anterior, cómo si yo fuera una enemiga en potencia ¿A caso ya sospechaba que esto sucedería? Lo dudo, pero aún así, él me daba escalofríos, no sabía lo que le podría decir a Katherine al enterarse de lo que planeaba, tal vez que ya tenía suficiente carga con sus hijos y el trabajo, pero para eso, yo ya tenía una respuesta preparada.
Mientras Katherine hablaba por el teléfono del hospital, mis pies no paraban de moverse, tal vez por alegría, tal vez por nervios, pero no paraban de hacerlo, sostenía mi pequeña bolsa de ropa en mis manos y la hacía girar y girar, simplemente no me podía quedar quieta.
Cuando Katherine colgó, los nervios prácticamente tomaron el control sobre mí.
-No está extasiado con la idea, pero dijo que te recibirá, solo debe de hablar contigo de algo. Dijo Katherine entre feliz y preocupada, pero más feliz que otra cosa.
-¿De qué algo?- Pregunté yo, con los nervios a flor de piel.
-Me pidió que no te dijera, pero ya hablarás con él. Nos vemos mañana. Dijo y me depositó un dulce beso en la frente, mientras se dirigía al mostrador para llenar una serie de documentos que le pedía la enfermera en turno, Elle y Lily me acompañaron hasta la salida y ahí estaba el taxi, esperándome.
-Adiós Emma, mucha suerte. Dijo Elle mientras me abrazaba, Lily se limpiaba las lágrimas que recorrían por su rostro con la manga de su blusa, corrí a abrazarla.
-No es un adiós, sólo es un hasta luego. Les digo sonriendo, Elle se acerca para pagarle al taxista y con una despedida con la mano, entro al taxi y cierro la puerta.
Al parecer al taxista ya le habían dicho hacia dónde ir, pues iba con rumbo fijo y no se detenía ni nada, me hacía la plática, pero yo estaba demasiado emocionada y mis respuestas eran rápidas e inentendibles, pero él sonreía como si pensara “Todos los niños son iguales”
Cuando el coche se detuvo, mi corazón dio un vuelco, abrí la puerta y escuché como el taxista me decía “Hogar dulce hogar”
Sonreí y sostuve mi bolsa entre mis manos, apretándola fuertemente hacia mi estómago mientras más me acercaba a la pequeña casa.
Era de un piso apenas, en frente tenía dos ventanas y una puerta, no parecía nada del otro mundo, pero para mí, era como tener en frente de mí la mansión más impresionante de todo el universo.
Cuando llegué al frente de la puerta, inhalé y exhalé varias veces, todavía me moría de nervios, tomé el pomo de la puerta lo giré y la puerta con un chirrido se abrió.
Me encontraba en una pequeña sala de estar, había cinco habitaciones, cuatro de ellas estaban cerradas, la única que estaba abierta era la pequeña cocina, que a penas y contenía lo necesario.
-No pensé que llegaras tan pronto. Dijo la hosca voz de Joseph a mis espaldas, lo volteo a ver y me invade el terror de nuevo.
No suelto ni una palabra, pues el terror me tiene congelada, sus ojos me miran con frialdad y puedo distinguir una chispa de odio en ellos, aunque tal vez sólo sea mi imaginación.
--Déjame decirte que desde el principio me opuse a que te quedaras, pero Katherine insistió, así que tuve que aceptarlo.
Tragué saliva, asustada, no sé cómo me armé de valor para hablar, pero lo hice.
-Katherine me dijo que tenía que hablar conmigo sobre algo, justo cuando yo llegara aquí.
-Oh cierto, las condiciones- Dijo Joseph y empezó a caminar de un lado a otro, en la pequeña sala de estar- Acepté que te quedaras aquí pero sólo si estas dispuesta a hacer lo que te diga.
Dije que sí con una cabezada y él continuó
-Bien sabes que nuestra condición económica no es la mejor, somos muchos y nuestra casa es pequeña, yo no planeo alimentar otra boca, con Michael ya tengo suficiente. Me empezó a decir y me daba miedo de que la tormenta se me viniera en sima- Así que, mi condición para que te quedes es que tú te pagues tus gastos.
Sus palabras me sorprenden tanto que abro disimuladamente los ojos ¿Pagarme yo mis propios gastos? ¡Sólo tengo 10 años!, soy demasiado niña ¿En qué puedo trabajar?, estaba teniendo un ataque de pánico ¿trabajar?, en ese momento, recuerdo una charla que me dio mi papá hace ya tiempo.
“Yo tuve que sacar adelante a tus tíos Emma, sólo contaba con 7 años cuando empecé a trabajar, ni siquiera estudié, bien sabes que apenas sé leer, me la pasaba todo el día trabajando en la fábrica de tu abuelo y lo último que quiero Emma, es que tu sufras lo mismo”
Si mi padre pudo hacerlo a los 7, yo puedo hacerlo a los 10.
-No quiero tener otra carga Emma, a parte, formando tú parte de la familia Jackson, te convertirías en la hermana mayor, pues Rebbie es dos años menor que tú, así que ya tendrás la edad suficiente como para buscar algo que hacer y ayudarme en los gastos de la casa.
Me quedo callada, no sé que responder, una parte de mí piensa que lo que Joseph está diciendo es injusto, puesto que soy menor de edad y hasta donde sé trabajar cuando uno no es mayor de 17 años es ilegal trabajar, pero por otra parte miro la pequeña casa, yo sólo sería una carga más a Joseph y Katherine y no quiero que eso suceda.
-¿Entonces? ¿Aceptas o no?- Me presiona Joseph, abro la boca y como un acto reflejo digo
-Acepto.
Nos miramos en silencio, él me fulmina con la mirada, pero seis niños llegan e interrumpen ese incómodo momento.
Reconozco a los tres primeros a Rebbie a Jackie y a Tito, que van a la cabeza, pero los otros tres no los reconozco bien, estiro un poco el cuello para verlos, son dos niños y una niña, los tres me miran con curiosidad, mientras que sus hermanos mayores me observan felices, al parecer les agradé.
-¡Emma!- Gritó Rebbie corriendo a abrazarme, su fuerza fue tanta que me obligó a retroceder, yo correspondí su abrazo- ¿Qué haces aquí?
-De ahora en adelante Maureen, Emma vivirá aquí. Le dijo Joseph molesto, como si para él lidiar con sus hijos fuera una rutina aburrida y a la vez, algo que lo sacaba de quicio.
La pequeña y sus tres hermanos menores empezaron a saltar a lado de mí, como si la noticia de mi hospedaje se les hiciera la maravilla más grande del planeta ¿Razón? No la sé, se me hacía misterioso pues, llevaban muy poco tiempo de conocerme.
-Ellos son nuestros otros hermanos- Me explicaba Rebbie, señalando a los más pequeños que estaban en la esquina, jugando con unos viejos coches de juguete- son Jermaine, La Toya y Marlon.
Jermaine alzó la cabeza al reconocer su nombre, pero al instante la bajó, pues se había ruborizado, los otros dos eran demasiado pequeños cómo para más o menos entender lo que estaba hablando con Rebbie, le dije que su madre y su hermano pequeño llegarían mañana y que por fin estaría toda la familia junta.
-Y hablando de eso Emma- Dijo Joseph interrumpiendo nuestra plática- Más te vale que salgas y empieces a buscar algo que hacer niña, pues mi poca paciencia se está agotando.
La sonrisa que tenía en mis labios al instante se borró, fruncí el ceño  y le dije a Rebbie que en un minuto volvería.
Salí de la casa y me puse a vagabundear, esperando encontrar algún anuncio de empleo o algo por el estilo, iba tan distraída mirando de un lado a otro que no me fijé cuando choqué con alguien, me tambaleé y caí en el piso.
-¡Perdón!- Fue lo primero que dije, la chica se levantó y pude observarla bien, era alta, de tez morena, ojos pequeños color marrón y el cabello lacio, pero su cabello lo tenía uniforme, pues de un lado se veía más corto que otro.
-No, no importa. Dice con ternura, me ayuda a levantarme y me sonríe- Soy Sae.
-Hola, soy Emma. Le digo con una sonrisa, mientras me limpio el pantalón, pues había quedado manchado con tierra.
-¿Qué haces aquí tan sola? Es muy temprano para que una niña de tu edad esté sola, ¿Dónde están tus padres?
Me quedo callada por un momento, no le puedo decir que me mandaron a conseguir trabajo, iría en contra de Joseph y él se pondría furioso conmigo, no me permitiría quedarme más con ellos y eso no lo iba a permitir.
-Eh, han de estar por ahí, en alguna parte. Digo desviando la mirada, muchos dicen que mirándome directamente a los ojos pueden ver si estoy mintiendo o no, soy un libro abierto para muchas personas.
-Ah, yo quería verlos ¿Sabes? La biblioteca de la colonia requiere ayuda, estaba buscando vacantes para un empleo.
-¿Empleo?- Pregunto maravillada, preguntándome porqué todos los problemas que he tenido hoy se han solucionado tan rápido.- Yo puedo hacerlo.
-No- Dijo ella negando con la cabeza- Eres muy joven para trabajar.
-Me gustaría hacerlo. Digo firme, no le puedo decir mis verdaderas razones, pero sí le puedo decir lo que quiero.
Ella insistió más por varios minutos, pero yo seguí con mi idea, al final, soltó un bufido de resignación y me guió hasta la biblioteca.
Era un local de un solo piso, pero se veía que era extenso, había dos puertas de roble en frente de mí, en las que estaban grabadas diferentes figuras, cómo caras de leones o águilas, Sae abrió la puerta que soltó un enorme chirrido y entonces el aroma a libros y a madera invadió mis sentidos.
Era una extraña manera de sentirse vivo, pues sabía que en esos libros estaban escritas historias, de valientes guerreros, astutos piratas y delicadas princesas, Sae me dio un recorrido por toda la biblioteca, que se me hizo un país infinito lleno de pasadizos y lugares escondidos, tenía la rara sensación de que al terminar de cruzar todo ese caos, me encontraría con un mundo fantástico.
-Cómo verás todo está muy desordenado…-Empezó a explicarme, mi jornada de “Trabajo” sería de diez de la mañana a una de la tarde, me pagarían 20 dólares al día, ella me decía que lo demás tenía que utilizarlo para la “Escuela”
Noté como un rubor se empezó a extender por mis mejillas, pues desde los ocho años no iba a la escuela y con trabajo sabía leer y escribir, le expliqué esta situación a Sae, que me sonrió y dijo que la biblioteca sería como un aula de clases para mí.
-En los libros de fantasía puedes descubrir más que en un libro de matemáticas, te lo digo por experiencia, Emma. Me dijo sonriendo y me invitó a quedarme todo el tiempo que quisiera.
Primero me dediqué a andar de curiosa por todas las zonas, recorriendo enormes atlas de geografía y algunos libros infantiles, todo me parecía tan fantástico en estos momentos.
Había pasado de la oscuridad a la luz de la manera más eficaz y más rápida de lo que me pude imaginar alguna vez, tal vez el destino estaba dispuesto a callarme la boca después de pensar que todo sería fatal para mí, tal vez quería callarme rápido.
Sae me dio tres libros pequeños, me dijo que ya debía de empezar a “Estudiar” y a acostumbrarme a los libros, pues iba a pasar mucho tiempo con ellos.
-Te veré mañana, entonces. Me dijo sonriente, yo le dije que sí con un ademán en la cabeza y salí de la biblioteca, para llegar a mi nueva casa.
La pequeña puerta estaba entre abierta, entré rápidamente, para encontrarme con la mirada penetrante de Joseph.
-¿Y bien?- Me preguntó, serio o tal vez bromista, porque lo más seguro es que pensara que no había conseguido anda.
-Mi primer día de trabajo es mañana a las diez. Le respondí sonriente y me alejé de ahí.
-No tenemos espacio suficiente para ti- Dijo Joseph recapturando mi atención otra vez- Así que tendrás que dormir en el sillón, las cosas empeorarán mañana, pues recuerda que Katherine y el niño regresarán.
-No hay problema. Dije y una descarada sonrisa se dibujo en mi rostro, él se puso serio y me miró, esta vez creo puedo estar segura de cuál era el sentimiento que recorría los ojos de Joseph, él me miraba con odio, al parecer no estaba acostumbrado a que alguien le respondiera como yo lo hacía, pues se veía que a mi querida Katherine la trataba como escoba.
De repente, siento como alguien se viene en sima de mí, Rebbie se me había venido en sima.
-¡Tenemos que jugar a algo!- Me gritó prácticamente en el oído, mientras yo sonría divertida mientras me tapaba las orejas con mis manos, noto que detrás de ella viene su hermanita menor, La Toya, que se ocultaba en las faldas de su hermana, se veía que era tímida.
-¡Claro!- Digo sonriente, mientras a ella le brillaban sus pequeños ojitos negros- ¿A qué quieren jugar?
La casa era demasiado pequeña como para jugar a las escondidas, pero más sin embargo… la calle no lo era.
Sólo una vez había jugado a las escondidillas, con mi papá y mis hermanos, cuando éramos más pequeños, yo era la más hábil para esconderme, serpenteaba de un lado a otro y nadie me encontraba, hasta el final que me decían “¡Ya! ¡Ganaste!” Salía de mi escondite votada de risa, ese es un recuerdo borroso de hecho, en realidad, todo lo pasado pareció borrarse desde que Katherine firmó esos documentos de “Adopción”.
La Toya al parecer me leyó el pensamiento y con una dulce y tierna voz infantil, dijo: “Escondidillas”
Sonreí y miré a Rebbie, que, al parecer estaba a favor de aquella idea.
Nos escabullimos de Joseph, quien en ese momento se encontraba leyendo el periódico, detrás de nosotras notamos que venían Tito y Jackie, que se habían unido al juego.
-¿Y sus otros dos hermanos?- Les pregunto, pues no veía señales ni de Jermaine ni de Marlon.
-Por ahí, en nuestra habitación. Dijeron como si fuera algo sin importancia, miré preocupada por todas direcciones, me daba miedo dejar a esos dos niños con Joseph, no sabía porque, pero pensaba que parte de mi destino era proteger a los hermanos Jackson, en especial al que llegará mañana por la mañana.
-No te preocupes Emma, esos dos traviesos son un par de supervivientes, no les pasará anda. Dijo Rebbie apoyando su mano en mi hombro, como para convencerme, al final, ya me encontraba con los niños en la calle.
A Rebbie le tocó contar del 1 al 20, tuve que correr lo más rápido que podía para esconderme detrás de unos cubos de basura, bastante alejados de la zona en la que Rebbie contaba.
El sonido del correr del agua me distrajo y miré hacia atrás, encontrándome con un recuerdo, mientras un conejo blanco pasaba en sima de él.
Poseída por la curiosidad, me levanté y seguí con la mirada al conejo.
Sí, este era el lugar, el lugar de mi infancia, donde vivían los conejos blancos del país de las maravillas.
Estaba donde papá me llevaba de pequeña, aunque ahora todo es muy borroso, recuerdo lo primordial, como corría detrás de esos conejos, esperando que me guiaran al país de las maravillas, como mi papá y yo fingíamos tomar el té a lado del lago, cosas que siempre se quedan en tu mente.
Recorro el lago y también todos los lugares que recuerdo, el gran árbol al que yo iba a buscar sombra, me recargo en sus ramas y cierro los ojos, dejándome llevar por los recuerdos y pensando que debieron de pasar millones de años desde eso, pues ahora habían pasado tantas cosas que se me hacía imposible nombrarlas todas.
-¡Emma! ¡Eres la única que falta! ¡Sal ya!- Escuché que gritaba la voz de Jackie, rápidamente me levanté de mi lugar de ensueño y corrí hacia la calle, por ahora no planeaba enseñarle ese mágico lugar a nadie, puesto que lo consideraba plenamente mío y era demasiado egoísta como para compartirlo.
Sonreí para mis adentros y salí de mi escondite, declarándome la ganadora del juego, cuando me vieron, se me abalanzaron preguntándome dónde me había escondido.
-Por ahí. Digo dejando un aura de misterio en mi voz, provocando la desesperación de los niños.
Nos recostamos en el pasto, mientras la suave brisa de la mañana nos recorría el rostro, no debe de ser tan tarde pues salí del hospital a las ocho, el sol a penas se asoma por unas pequeñas y esponjosas nubes, es el paisaje perfecto, en el momento perfecto.
-¿Qué creen que pase cuando llegue Michael mañana?- Preguntó Rebbie al aire, tenía los ojos cerrados y se veía que estaba disfrutando el momento.
Me quedo pensando en la dulce figura del pequeño Michael, del pequeño durmiendo en una pequeña cuna o en mis brazos, también me lo imagino con sus enormes ojos castaños abiertos de par en par, como dos ventanas, viéndome con curiosidad, pienso en esa paz que me inunda cuando lo tengo en mis brazos y sonrío con ese pensamiento, porque sé que esa paz será mía tal vez para siempre.
-Puede que el pequeño Marlon se ponga furioso- Continúa Rebbie, al ver que ignoramos su pregunta- Ya no será “El consentido” de la casa, puesto que llegará alguien más pequeño.
Todos reímos, me imagino a Marlon mirando enfurruñado a su mamá, pidiendo un poco más de atención,  más de la que tiene.
La Toya murmura algo, sólo alcanzo a escuchar la palabra “feliz”.
“Feliz” si esa era la palabra con la que todos nos identificábamos, en mayor o menor grado, siento que si hubiera algún objeto que midiera la felicidad de nuestro organismo, al analizar el mío, explotaría, la felicidad contenida en mi pecho es enorme.
-¿Ahora a quien le toca contar?- Pregunta un emocionado Tito, con ganas de jugar otra vez.
-Es injusto este juego- Se queja Jackie- Emma es la maestra de este juego y si siempre juega, siempre va a ganar ¡Yo voto porque cuente ella!
Al instante me quejo, no enojada, más bien divertida.
-¡No! ¡Oigan eso no es justo! ¡Yo gané el juego pasado!
-Esto es una democracia, Emma. Me dice Rebbie, como si un simple juego se hubiera transformado en un asunto legal- Así que propongo que se hagan votaciones, ¿Quién vota porque Emma cuente esta vez?
Todos alzaron sus pequeñas manos, yo les lancé una mirada acusadora, cómo diciéndoles que me vengaría algún día, doy media vuelta y empiezo a contar del uno al veinte.
Noto como unos pequeños pies se empiezan a mover desesperadamente, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, también escucho susurros, tal vez quejándose porque no encuentran un buen lugar o tal vez porque tienen miedo a que acabe de contar y los encuentre al instante.
-19…20 ¡Listos o no  allá voy!
 Empecé a caminar sigilosamente para que no me escucharan, mi respiración la hice más calma y estaba evitando con todas mis fuerzas echarme a reír, pues aún no creía que tuviera tanta suerte.
A la primera que encuentro es a la pequeña La Toya, que estaba escondida detrás de un árbol, ella me ayuda a encontrar a sus demás hermanos.
Y así continúa la mañana, entre risas, juegos y diversión, el tiempo pasa como arena y notamos que ya es tarde, ninguno ha comido nada.
Hacemos carreras para ver quien llega primero a la casa, sorprendiéndome, Tito gana, en realidad, es un chico demasiado rápido para su edad, aunque creo que le hubiera ganado si no hubiera sido porque tropecé con una rama y caí.
Al llegar a la puerta, Joseph nos espera, tiene la mirada seria y por un momento siento que una tormenta se nos va a venir en sima.
-Se tardaron mucho- Dice con voz calma, pero tenebrosa- ¿Dónde estaban?
-Nada más jugábamos, se nos pasó muy rápido el tiempo…- Empiezo a explicarle, pero al parecer no le interesa, pues me corta al instante.
-Espero que no vuelva a suceder- Dice él aún más serio que de costumbre- Niños, siéntense, es hora de comer.
Los niños corren a las pequeñas sillas de madera y se sientan alrededor de una pequeña mesa.
-Ven Emma, esta va a ser la última vez que comerás algo que salga de mi billetera, así que mejor disfrútalo. Dice él con un toque egocéntrico, frunzo el ceño y me siento a lado del pequeño Jermaine, que ya había estado ahí desde hace varios minutos, sólo que al verme, baja la mirada y se sonroja.
Todos toman su lugar en la mesa y nuestra comida es un cuenco de sopa y unas cuantas tiras de carne, yo como tranquilamente, al igual que los niños, todo en silencio, tanto que puedo escuchar la danza del viento con las ramas de los árboles.
Cuando termino de comer, por educación me levanto y lavo mis utensilios, pensando que eso me podría dar al menos un punto con Joseph.
Error, ni siquiera me voltea a ver.
Guardo todo en el cajón que corresponde y me dedico a esperar a los niños.
La primera que termina es Rebbie, la cual se acerca a mí y me toma de la mano.
-Te enseñaré la casa, tal vez no sea enorme, pero es linda y cuando estamos todos juntos, simplemente es perfecta. Me explica mientras me explica cada rincón de la pequeña morada, tanto las amontonadas habitaciones, cómo la habitación de sus padres.
-Creo que mientras el bebé Michael crezca, dormirá con mamá. Me explica Rebbie.
Cuando terminamos, sus hermanos la llaman, dejándome a mí sola, miro hacia el sillón y noto que ahí estaban los dos libros que Sae me había dejado de “Tarea” pues con mi nuevo trabajo, iba a estar muy relacionada con los libros, así que me tenía que ir acostumbrado a su compañía.
Tomo el primer libro, “Peter Pan”.
Había escuchado de esa historia antes, pero la verdad, nunca me había llamado la atención, pero por algo Sae me dejó este libro, abro la primer hoja, ya gastada y amarillenta por el uso.
Veo el índice y llego al primer capítulo.
Las letras impresas en las viejas y amarillentas hojas no significan nada para mí, me mantengo sentada e intento descifrar lo que intentan decirme, pero no logro nada, solo desesperarme, azoto el libro contra la mesa y me levanto, furiosa conmigo misma.
Voy a mi bolsa de ropa y saco mi pijama, me la pongo y me recuesto en el viejo sillón, es suave y reconfortante, así que no tengo problema en quedarme dormida rápido.
Todo está oscuro, miro de un lado a otro y ninguna chispa ilumina aquel lugar, entonces escucho llanto, viene de todas partes, de repente se escucha de un lado, pasan unos minutos y se escuchan en otra parte, es como un eco, empiezo a gritar ¿Quién llora? ¿Qué sucede?
Entonces, veo como en un rincón de la habitación, un pequeño niño llora, cubriendo su carita con sus manos, corro a verlo, pero su llanto se hace más fuerte.
-¿Qué tienes?- le susurro al pequeño, que alcanzo a identificar como Michael, pero ya más grande.
-¡Déjame! ¡Déjame!- Empieza a decirme, haciendo que llore más fuerte- ¡Te lastimará!
-¿Pero quién?- Digo con paciencia, en ese momento Joseph se pone detrás de mí y yo lo miro desafiante.
-No le permitiré que le haga daño- Digo protegiendo a Michael con mi cuerpecito, él suelta una estridente y escalofriante carcajada.
-Entonces lo sufrirás tú. Dice y en ese momento, un cinturón me azota la cara.

Despierto con el corazón agitado, el sol despunta en la ventana, pero eso no es lo que me llama la atención, Katherine está en frente de mí, con la verdadera luz de mi existencia, una luz que para mí, es mucho más brillante que el sol.

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