Capítulo IV: Matices de luz.

miércoles, 15 de enero de 2014

Vuelvo a cerrar los ojos, convencida de que estoy soñando, es demasiado temprano, Katherine no pudo haber llegado tan pronto, no sola.

Al abrirlos, noto que no es una visión, Katherine está ahí, con Michael arropado en una cobija amarilla y me observa sonriente.

-Piensas que es demasiado temprano ¿verdad?- Le digo que sí con la cara adormilada- Joseph me recogió hace como dos horas, te he estado observando todo ese tiempo, tenías pesadillas. Me explicó, ¿Qué habré hecho? ¿Moverme de un lado a otro como  gusano o soltar el grito del año?

No quería hablar sobre eso, no quería repetir la escena de mi sueño, no quería sentir otra vez el latigazo del cinturón de Joseph en mi rostro.
-¿Qué hora es?- Pregunté mientras estiraba mis brazos y piernas.
-9:30. Me explicó Katherine, que seguía con el pequeño Michael en los brazos.

Cuando Katherine dijo la hora, fue cómo si me hubieran puesto un cohete, salí prácticamente volando de la sala y corrí al baño, se me había olvidado por completo mi trabajo con Sae, pero recordé que tenía poca ropa y esa poca que tenía, estaba sucia.

-Busca algo en el cajón de Rebbie- Me dijo Katherine- Apuesto a que si te queda, por Dios niña, eres un esqueleto andante. Dijo divertida, sonreí y entré al cuarto de Rebbie, donde ella y su hermana La Toya dormían en una cama individual, me acerque al primer cajón dando pequeños pasos, no quería despertarlas, abrí el cajón que contestó con un ruidoso chirrido, hice una mueca de enojo.

-¡Cállate!- Susurré, pero me sentí tonta por hacerlo, pues se supone que los muebles no hablan.
Saqué lo que vi primero, sin importar si combinaba o no, salí con la misma cautela con la que había entrado.
Entré al baño y me bañé rápidamente, me desenrede rápidamente el cabello (El cuál creo, quedó exactamente igual que al principio) me cambié, tomé los libros y salí de la casa.

-¿A dónde vas Emma?- Me pregunta Katherine.
-Tengo un compromiso- Contesto rápidamente, mientras escucho cómo la puerta se cierra por detrás de mí.
Corrí hasta la biblioteca, que tenía la puerta abierta, en ese momento me hubiera gustado esfumarme, Sae ha de estar lo que sigue de furiosa conmigo.
Entro a la biblioteca y sólo se escucha el eco de mis pasos, ni una señal de que alguien esté ahí, pero, la puerta estaba abierta…

-¡Emma!- Escucho una voz detrás de mí- ¡No pensé que fueras tan puntual!
Suelto un chillido, pues la voz de Sae me tomó por sorpresa, volteo a verla y noto que tiene su hermoso cabello atado a una cola de caballo.

-¡Me asustaste Sae!- Le digo tocando mi corazón, que estaba latiendo a mil por hora, ella como respuesta suelta una risotada y me toma por los hombros, llevándome hacia una esquina en la que los libros habían creado un caos, podías ver unos aventados en una esquina, otros apilados de forma desordenada y uno que otro abierto con hojas rotas.

-Tu primer trabajo será ordenarlos, me gustaría que fuera por color, por simetría y diseño, colócalos ahí. Dijo señalando una enorme estantería negra- Cuando termines, te daré tu sueldo de hoy.

Sonreí y me dispuse a ordenarlos, guardarlos y entretenerme con uno que otro, intentando descifrar tantas palabras que había, con trabajo y había logrado pasar a la tercera hoja de Peter Pan y de repente me veo sumergida en los libros más inmensos que pude haber imaginado, algunos con esquemas de la ciudad, otros con mapas del mundo, otros con mapas medievales y con letras inentendibles para mí.

Estornudaba algunas veces, pues los libros contenían mucho polvo, por antiguos y gastados. Cuando terminé noté que la estantería que me había dejado Sae estaba totalmente llena, corrí a verla y le avisé que ya había terminado.

Ella sonrió y de su pantalón sacó 20 dólares.
-Creí que sólo serían 14. Dije al ver el número veinte en el billete, bueno, de lo poco que sabía sobre leer y escribir, era leer números.

-Lo hiciste demasiado rápido, me sorprendiste. Dijo sonriendo, pero al parecer, no quería que me marchara, pues me invitó a sentarme con ella, en una mesita de madera que estaba a un lado de una enorme estantería.
No sé cómo, pero me armé de valor y le conté sobre el libro, que no lo había terminado porque no entendía las palabras, ella sonrió y me dijo que todo a su tiempo, yo sostenía ambos libros entre mis manos, temiendo que se me fueran, ella me explicó que es un proceso largo, incluso en los niños pequeños y que si yo me aplicaba podría convertirme en una asidua lectora, yo sonreí, porque en verdad esperaba eso, en ese momento, ella me dijo una frase hermosa, una frase que estoy segura, estará en mi mente el resto de mi vida.

 “No necesitas alas para volar Emma, con tan sólo tomar un libro y sumergirte en su mundo, podrás tener los pensamientos que te permitan levitar y volar en sueños, volar en hermosas historias que te roban el alma” nunca nadie había hablado con tanta pasión sobre algo y sonreí pues, sabía que yo estaría así en un futuro.

-Ya es la una de la tarde, Emma, ya te puedes ir, pero este sólo es el comienzo, van a ver cosas más pesadas y puede que salgas más tarde.
-No te preocupes por eso- La tranquilicé- Me encanta estar aquí. Dije sonriendo y dándole un beso en la mejilla cómo despedida.

Al llegar a la casa, con veinte dólares en el bolsillo, ya estaba preparada para lo mejor.
Abrí la puerta y la familia estaba sentada, admirando a Katherine y al pequeño Michael, cuando me vieron todos me dirigieron una sonrisa, claro, todos menos Joseph.
-¿Y? ¿Dónde estabas?- Preguntó con cierta agresividad en su voz.
-Estaba en mi trabajo, acabo de salir. Le explicaba mientras le entregaba los veinte dólares que me habían dado, él los miró, escéptico, tal vez no pensaba que ganara tanto en mi primer día, pero al final, una sonrisa de placer invadió su rostro y me entregó el billete.
-Eso es para ti, para tus propios gastos. Dijo como si se hubiera quitado un peso de en sima, ahora ya no lo miro a él, miro al pequeño Michael que está dormido en los brazos de su madre.
-¿Puedo?- Le pregunté a Katherine, que con una complaciente sonrisa, estiró sus brazos, para que yo pudiera cargar al bebé, esa paz me inundó de nuevo.
-Oye Emma… ¿Esos no son mis pantalones rojos y mi blusa café?- Me preguntó Rebbie, la miro divertida, negando con la cabeza, obviamente si lo eran, pero no le iba a decir.
El bebé despertó y al verme abrió sus enormes ojos, tal vez por sorpresa de verme otra vez, a mí me encanta verlo y creo que siempre me encantará.
*****
Avanzamos poco a poco, Sae apenas me está ayudando a aprender o más bien a recordar las vocales, dice que esto le está resultando más sencillo de lo que pensaba.

En parte es porque tengo una motivación, una hermosa y dormilona motivación.

Me siento en la pequeña y antigua mesa de la casa Jackson, intentando descifrar lo que le decía Peter Pan a Wendy, sucede que llego al clímax en el cual me detengo, azoto el libro con furia y desesperación, coloco mis manos en mi cabeza, estoy a punto de echarme a llorar, pues me considero tonta, inútil, diez años y no saber leer ni escribir bien es una horrible tortura, pero, siento una presencia detrás de mí.

Katherine carga a Michael, este con ya tres meses de nacido, sus ojos tienen las mismas chispas infinitas, doradas y plateadas, me mira concentrado y Katherine detrás de él, sonríe.

-No quiere que te rindas. Dice ella sonriendo- Tal vez es pequeño, pero en su interior habita una vocecilla que en unos años se escuchará, en estos momentos está en su interior y esa vocecilla intenta que la escuches, pues te grita “¡Hazlo! ¡No te rindas! ¡Hazlo por mí!”

“Hazlo por mí” esas palabras influyen en mí de una manera maravillosa, pues miles de descargas eléctricas recorren mi cuerpo, recupero el libro y vuelvo a mi lucha.

Por eso, cada vez que mi cerebro se quiere rendir, mi corazón le pone en frente la imagen del pequeño Michael, le recuerda que él es el eje de mi existencia, él ha sido el pegamento que ha unido todas las piezas dispersadas de mi ser, ha logrado sanar heridas que se han vuelto sólo cicatrices, marcas de un pasado del cual ya me estoy olvidando por completo, un pasado que a veces por las noches, me ataca.
El pequeño Maurice sigue ahí, mi pequeño, el hermanito que recuerdo tener.

¿Qué habrá sido de él? Sólo espero que esté bien, aun hay una parte de mi ser que anhela que mi madre cambie su forma de pensar y se ocupe de sus responsabilidades, antes, mi corazón esperaba ese momento con tanto ahínco y desesperación que me perturbaba al ver que ese cambio de parecer por parte de mi madre nunca sería, con el tiempo aprendí a superar eso, pues sabía que nunca pasaría y no quería malgastar mi tiempo en vanas esperanzas, pero aún hay una parte de mí que lo cree, sólo espero que cuando note mi ausencia en la casa, tome riendas en el asunto y se encargue de mi hermano, de Maurice, él es el que me interesa, espero que así sea.

Mis pesadillas la mayoría del tiempo son sobre lo contrario, sueño con una madre que deja morir a su bebé de ya tres meses, despierto con lágrimas en los ojos y sudor en la cara, pues me siento culpable, si lo hubiera llevado conmigo esa tarde de Agosto, él estaría aquí conmigo, él y yo estaríamos compartiendo este hermoso sueño a lado de Michael, existía la posibilidad de que ellos dos se llevaran bien y mi mundo estaría completo, pues habría más luz, más luz de la que Michael me daba, una pizca de luz, por parte de Maurice.

Pero el hubiera no existe y yo voy a tener que cargar esa cruz por toda mi vida, esa cruz de culpabilidad que me atosiga por las noches.

Quiero ir a buscarlo, debo ir a buscarlo.
Es una fría mañana de noviembre, hoy no tengo que trabajar, pero aún así me levanto temprano, tomo una ducha, me cambio y salgo de la pequeña casa Jackson hacia la que alguna vez fue mi casa, ahora solo la considero restos de un pasado al cuál regresaré y me he prometido, que esta será la última vez, acabaré con esas pesadillas que no me dejan disfrutar del todo el presente.

El aire que corre cala los huesos y aprieto fuertemente una sudadera de lana de Katherine, hundo mi cuerpo en ella para calentarme.

Empiezo a caminar, recordaba el pequeño viaje que mi papá, mis hermanos y yo hacíamos del pequeño lago a la casa, así que no es difícil ubicarme.

Pero cuando llego a mi antiguo hogar no está la gastada pintura amarilla, ahora solo se ve una polvorienta casa, me estremezco y empujo la puerta, que rechina fuertemente.

Empiezo a toser con tanto polvo y entro a la pequeña sala de estar, está totalmente arruinada.
Los sillones están más gastados de lo que recordaba, las sillas de madera están tiradas en el suelo, hay silencio absoluto, no hay nadie.

-¿Hola?- Susurre, para ver si alguien me respondía, para ver si alguien acudía en mi ayuda y me orientaba en este lugar, pero  nadie me contesta y  mi mente piensa lo peor.

Subo apresuradamente en las escaleras, escucho como algunas cosas se caen a mí alrededor, la casa no ha sido visitada desde que me fui,  la casa está silenciosa y tenebrosa, me siento en una película de terror.
Al llegar arriba, noto que todas las puertas están cerradas, intento abrir una por una, pero es imposible, están cerradas con llave.

Pego mi pequeño oído a cada puerta, por si escucho algún lloriqueo, gemido o susurro, pero no hay nada.
Me preocupo, pues mi pequeño hermano no está ahí y lo más probable es que se lo hayan llevado a la guardería de algún hospital, o incluso al orfanato, que es algo peor, no todos corren la suerte que yo corrí.

Pero hay algo en mí que me calma, al menos no está aquí, atrapado en esta pesadilla, atrapado en el lugar en el que yo estuve atrapada desde que mi padre murió, al menos él no está y ese es mi consuelo, eso es lo que me relaja.

Con ese pensamiento tratando de invadir todo mi cerebro, salgo de la casa más tranquila, con el viento azotándome en la cara.
Al llegar a la casa Jackson, noto que todo está silencioso, todos siguen dormidos, me he levantado demasiado temprano.
Me recuesto en el sillón y me vuelvo a quedar dormida, suplicando que en cualquier lugar que esté mi hermano, esté bien.
*****
Los meses se pasan rápido, son mágicos, mi parte favorita son las noches, las cenas, en casa Jackson, la televisión está descompuesta, pero eso no evita que haya diversión, todos sentados en el piso, alrededor de Katherine que con su melodiosa voz, entona una canción, la mayoría de las veces una llamada “You are my sunshine”  ella entona esa canción con tanto amor, tanta ternura, que hace que se me erice la piel, sé que se la canta a Michael, quien todas las noches está durmiendo en mis brazos, aunque a veces empieza a lloriquear buscando el calor de su madre, un calor que estoy segura nunca le podré brindar, pues es único de Katherine, es su don especial.

En estos meses con los que he convivido con el pequeño Michael, he notado que es el bebé más chillón de todo el planeta.
Llora por absolutamente todo, lo que nos despierta a todos en la casa (Y que en la mayoría de los casos, desafortunadamente, hace que Joseph se despierte de mal humor y descargue su ira en los pequeños Jackson y en mí) son sus chillidos buscando a Katherine, aunque ella sigue con la teoría de que llora porque no me ve ahí.

“Eso es imposible- Le había dicho la primera vez que me había comentado su teoría- Un niño busca el calor de una madre más que el de otras personas”
“No es que te prefiera a ti, si no que te extraña cuando no te ve- Me dijo mientras acariciaba mi rostro infantil y un poco cansado por el trabajo con Sae, ya he mejorado bastante y puedo leer muchas oraciones a la vez, aunque lentamente- Puede que se calme un poco cuando me ve a mí, pues ve seguridad, pero si no te ve a ti, estoy segura de que siente que algo le falta, estoy segura de que tu eres su mitad y él es la tuya”

Dos mitades que se unen para formar un solo ser, puede que sea lo que nos sucede a Michael y a mí.
Pero volvamos al presente, Michael llora y Joseph se acababa de despertar.

-¡Ya callen a ese niño por el amor de Dios!- Se escandaliza, pues Michael no ha parado de llorar y Katherine ha hecho lo que ha podido, le ha dado mamila, lo ha arrullado, le ha cantado, peor nada resulta, el pequeño Michael tiene su hermoso y frágil rostro colorado por el esfuerzo que es para él gritar, también lo tiene bañado en lágrimas, con sus ya ocho meses de edad, puede permitirse la libertad de derramar lágrimas, estoy segura de que Joseph va a perder la cabeza si no se calma de una vez.

-Ya, Michael, ya- Le ruega su madre mientras lo menea de un lado a otro, pero el pequeño no para de derramar gruesas lágrimas, me siento impotente, pues no puedo hacer nada, los niños en este momento duermen y yo estoy aquí, a lado de Katherine, a las tres de la mañana, congelada como una estatua de cera observando como ella intenta detener el sufrimiento de su hijo y Joseph se coloca la almohada sobre los oídos, para no escuchar el escándalo.
-¡Sácalo de aquí mujer!- Le grita Joseph y en ese momento se levanta.
De haber sido otra situación, esa escena luciría graciosa ante mis ojos, Joseph levantado, con su cabello azabache alborotado hacia todas direcciones, los ojos desorbitados por el sueño y la furia y la cara colorada, parecía que en cualquier momento iba a soltar humo por las fosas nasales.

Katherine me mira, incómoda, yo estiro los brazos para que me dé al niño y pueda hablar con su marido, ella, con cierto malestar, me lo da, él todavía no calma sus chillidos.
-Cuando se quede dormido otra vez- Le empiezo a explicar a Katherine- Lo traeré de regreso, lo prometo.
Ella me sonríe y cierra la puerta detrás de mí, salgo corriendo de ahí, pues sé lo que vendrá a continuación, cuando Joseph se enoja así, cuando prácticamente está sacando fuego por la boca, es en verdad escalofriante, me da pavor dejar a Katherine sola ante esa máquina, pero ya llevan tiempo casados, ella puede manejar ese asunto con facilidad.
-En verdad Michael, hay veces en las que ocasionas algunos problemas. Digo mientras él me mira con sus enormes ojos marrones, retomando su manía de agarrar un mechón de mi cabello y empezar a jugar con él.
Lo recuesto a lado mío en el sillón y lo empiezo a mover de un lado a otro, ya no llora, extrañamente, pero  no se duerme.
Katherine le canta para dormir, al parecer eso lo adormece y se pierde en el mar de los sueños, pero yo no me sé ninguna canción de cuna, así que empiezo a tararear una melodía que empieza a salir de mi mente, no recuerdo la letra, pero si el ritmo, es tranquilizador y armonioso, lo único que recuerdo de la letra es que habla de encontrar un lugar mejor, un lugar lejos del peligro.
Al parecer eso nos basta a los dos, pues lo último que sucede es que los dos cerramos los ojos al mismo tiempo, con el ritmo de la canción en la cabeza.

-¿Seguirán dormidos?- Pregunta una voz infantil, de un niño, al instante distingo a Jackie.
-¡Cállate Jackie!- Lo regaña Rebbie- ¡Los vas a despertar!
Mis ojos se empiezan a abrir lentamente, para encontrarme con la imagen de un bebé dormido, con su manta azul marino rodeando todo su pequeño cuerpecito, Michael está ahí, durmiendo en mis brazos.
-¡Tú los vas a despertar Rebbie! Creo que los animales del zoológico hacen menos ruido que tú…-Le responde Jackie, provocando que yo me suelte a reír, al menos ya saben que he despertado.
-¡Buenos días Emma!- Dice la alegre voz de Tito, que al parecer estaba totalmente desconectado de la pelea de sus hermanos.
Rebbie le dirige una mirada ponzoñosa a Jackie, que se la devuelve como tratando de decir un cómico “Te lo dije”
-Hola- Digo, mientras estiro mis brazos y el cuello- ¿Qué hora es?
-La hora de irte a trabajar. Dice una voz seca a mis espaldas, me estremezco, Joseph está ahí, a veces he llegado a pensar que tiene una clase de poder sobrenatural que lo hace transportarse en los mejores momentos para arruinarlos totalmente- Se te va a hacer tarde y recuerda que tu comida te la sacas de tu bolsillo.
Evito mirarlo y lo único que hago es levantarme, acomodo al bebé Michael en mi hombro, para caminar hacia la habitación de Katherine.
-Creo que le prometiste a Katherine llevarlo al instante en que se quedara dormido, la pobre no pudo dormir, pensando que no habías hecho que el niño se durmiera y que entraste en vigilia para dormirlo.
“Creo que no pudo dormir por tus ronquidos, Joseph” estuve a punto de responderle, en parte esto tiene algo de verdad, creo que los ronquidos de Joseph se han de escuchar hasta la biblioteca de Sae, pero sabía que con Joseph no podía sacar a relucir mis comentarios sarcásticos, es como meter las manos al fuego sin razón alguna, una estupidez.

Abro la puerta de la habitación y la veo ahí, dormida,  me recuerda a las princesas de los cuentos que luego les leen a los bebés en las noches, con su respiración calmada, su cabello enmarañado alrededor del rostro y su frágil cuerpo envuelto en mantas blancas, tiene aire de fragilidad y belleza.
Camino hacia a ella y la zarandeo suavemente por los hombros, ella abre sus ojos y al ver mi imagen me sonríe.
-Dormiste con él ¿Verdad?- Me dice con ternura.
-En realidad, nos dormimos al mismo tiempo. -Admito con un poco de timidez, ella sonríe triunfal, como si hubiera librado la más dura de las batallas- Tengo que ir a trabajar, el pequeño Michael necesita de su mamá también- Le digo con ternura, ella estira las manos ansiosa y le entrego a Michael, que sólo se mueve un poco, pero al instante, se vuelve a quedar dormido.
Katherine se sienta y lo vigila, lo observa con cariño, ese cariño que yo hubiera querido que mi madre tuviera hacia mí.

Me despido de ella con un beso en la mejilla, me ducho y me pongo ropa nueva (Con lo que he ganado, me he dado el lujo de comprarme ropa en el mercado de gangas cercano a la casa Jackson) son unos pantalones de mezclilla, una playera blanca, Michael ya tiene 8 meses, eso quiere decir que ya estamos en Abril, no festejamos varios cumpleaños y esto es por las creencias de Katherine, pero Abril en Gary es un mes caluroso y ahora, a pesar de ser mañana, el sol es sofocante y trato de caminar por la sombra.
Al llegar a la biblioteca Sae me abre con una sonrisa, he estado avanzando muy bien, de hecho ya domino la lectura completa, ahora falta la escritura, en realidad tengo la letra más horripilante que haya visto alguna vez, a diferencia de la de Sae o Katherine que es escrita delicadamente, la mía son trazos burdos y grotescos.
Primero me deja que ordene y limpie la zona de “Historia del arte” ahora que ya se leer, puedo entender todo a la perfección, terminé el libro de Peter Pan con un nudo en la garganta, anhelando mi viaje al país de nunca jamás, también leí Alicia en el País de las Maravillas, me siento muy bien con ello, pues ya no soy tan inútil como lo era antes.

Limpio todo con rapidez, me sostengo el cabello con una trenza, pues ya está más esponjado que una melena de león y tengo miedo a que esto complique mi trabajo, paso trapos sobre la madera sucia, la escoba sobre el piso lleno de polvo y al final todo está impecable, Sae finge no reconocer el lugar al verlo tan ordenado.

Mi mañana continúa así, ayudando a gente a encontrar libros que no localiza, con el tiempo que he llevado trabajando en la biblioteca, se santo y seña de todos los libros de ahí.
Cuando la biblioteca queda totalmente vacía, yo estoy absorta en la lectura de un libro pequeño, es una pequeña recopilación de los Hermanos Grimm.

-Emma. Me llama Sae- Es hora de tu lección de escritura.
Camino hasta ella con paso rápido, está sentada en una mesa no muy lejana a la mía, tiene mi libreta de caligrafía en la mano y un lápiz a lado de ella, al principio, hacia trazos de palabras, repetía varias veces la letra “A” o la letra “E”, pero ahora, según Sae ya tengo un nivel más avanzado, hago oraciones completas, con una horrible letra en mi opinión.
Empieza mi trabajo, concentrándome en todo lo que hago, recargando el lápiz en el papel e intentando hacer lo mejor que puedo, me siento una niña pequeña, descubriendo un mundo nuevo, cuando termino las 5 oraciones que dicen siempre “María tiene un perro café” le entrego la hoja a Sae, ella la revisa y sonríe, diciendo que mis “O” ya tienen más forma de círculo que antes, antes estaban amorfas, ni yo  misma podía decir con exactitud que letra era.
Me da mi paga del día y noto que ya es un poco tarde, más de lo que imaginaba, Joseph ha de estar furioso conmigo.
-Es hora de irme. Digo mientras me levanto de mi silla y le doy un abrazo, ella me entrega el dinero, intento zafarme de sus brazos, pero ella con sus delicadas manos sostiene las mías, que son largas y delgadas, creo que es en lo único en lo que me parezco a mi madre.
-Tienes dedos de pianista. Dice admirando mis dedos de marfil, uno  por uno.
Sonrío un poco tímida, no estoy acostumbrada a los elogios.
-Tal vez, cuando ya estés lo suficientemente preparada con la lectura y la escritura, puede que consiga una inscripción para clases de piano, estoy segura de que serías muy buena.
Ay, Sae y sus favores infinitos, en verdad no sé cómo le voy a hacer para agradecerle todo lo que ha hecho por mí en estos ocho meses.
Ocho  meses, esa cifra pasa por mi mente y una película se proyecta, me veo a mí, cargando a Michael, a mí, debajo de una banca polvorienta de Gary esperando un final y vaya sorpresa, en realidad lo que tenía en frente era un nuevo comienzo, veo a Elle, a Lily, a Sae, Katherine, los pequeños Jackson, todos ellos me han ayudado a salir adelante y también veo a Joseph, qué aunque no está en mi lista de personas favoritas, hizo mucho por mí al aceptarme en su casa, que es pequeña, pero acogedora, llena de música y magia.

 Y cómo no olvidarme de Michael, él ha sido la estrella que ha iluminado mi cielo, que estaba fundido en nubes grises, pero él las evaporó con su mágica luz, esa luz que sale de sus enormes ojos marrones, ahora que ha crecido, tiene un poco de pelo en su pequeña cabeza y ya hace más travesuras, gatea y rompe cosas, la mayoría de las veces entre Rebbie y yo lo arreglamos todo justo cuando Joseph llega a la casa, exhausto, arrastrando los pies y con una mirada de pocos amigos.

Una mañana, yo estaba despertándome apenas, sacando unos viejos pantalones y un suéter de lana para ponerme en mi jornada de trabajo, cuando Katherine me llamó.
-Emma… ¿Puedes venir un instante?- Me preguntó tímidamente, me acerque a su puerta y la vi, era muy temprano para que estuviera despierta y lista para salir o al menos eso parecía, vestía unos vaqueros y un polo color marrón, su cabello caía elegantemente sobre sus hombros, era la primera vez que la veía así tan temprano.
-¿Qué sucede?- Pregunto, mientras entro a su habitación.
-Mira, siento que ya ha pasado mucho tiempo desde que Michael nació y…- Se aclara la garganta, al parecer es un anuncio importante- He decidido regresar a mi trabajo en el almacén de Gary, me siento inútil en la casa querida, le he dejado a Joseph toda la carga…- “Yo estoy aquí para ayudar” pensé, pero en realidad, yo mantengo mi propia carga, en cambio Joseph, tiene la carga de 7 hijos.- Así que he decidido hacerlo, en el almacén me han aceptado de nuevo, este es mi primer día.

-Pero… ¿Y Michael?- Pregunto, observando al pequeño bulto que se encuentra dormido en la cama, su respiración es calmada y tengo el impulso de cargarlo, para comprobar si sigue respirando.
-Emma, estás tú- Dice mientras posa una mano sobre mi hombro- Estoy segura de que te podrás hacer cargo de él, mientras yo estoy en el almacén.

Siento un agujero en el estómago, pienso en lo que Joseph me dijo cuando llegué a esta casa y siento como un escalofrío me recorre.
-Pero yo tengo que trabajar Katherine, esa era la condición de Joseph para que me quedara.
-Ya hablé con él querida- Dice mientras me mira con ternura- Está dispuesto a retirar eso, mira, estoy segura que has ahorrado lo suficiente como para tu manutención en mucho tiempo, cuando esa parte se acabe, ten por seguro que mi regreso al trabajo hará que se produzca de nuevo- Me muerdo el labio, con preocupación, no podría ser una carga más para Katherine.

-No, Katherine…
-Emma- Dice con la voz seria- Hazlo por mí ¿Quieres?- Dice y me mira con ojos suplicantes, hacerlo por ella, la persona que más me ha ayudado en el planeta y sin duda, la que más me ha querido también.
-Pero al menos le tengo que avisar a Sae…- Digo, la hermosa Sae, si me voy, al menos le tengo que decir gracias, le tengo que dar las gracias por todo lo que ha hecho por mí, olvidamos esas clases de piano por cuestión de tiempo, pero gracias a ella descubrí que hay un mundo escondido dentro de un libro y que no necesito alas para volar, la misma fantasía vuela por ti.

-Ve a decirle, te esperaré.- Me dice, abrazándome- Gracias- Susurra- Sé que Michael tendrá muy buena compañía.
Sonrío y salgo de la casa, directo a la biblioteca, percibo que voy a romper en lágrimas cuando tenga que despedirme de Sae.
Al llegar, abro la puerta y ella me observa con una sonrisa, pero al ver mi expresión, esa sonrisa se desvanece.
-Sae…-Digo con un nudo en la garganta- Tengo que hablar contigo.
Le cuento mi conversación con Katherine y ella sólo sonríe, cuando termino.
-¿A caso crees, niña boba, que te ibas a librar tan fácil de mí?- Dice divertida y yo la miro, con una mueca que demuestra confusión.
-¿Qué?
Al parecer eso la hace reír más.
-Puedo conseguirme otro asistente rápido, Emma, créeme que con eso no tengo problemas, pero no nos vamos a despedir para siempre, ¿Sabes por qué?
Niego con la cabeza.
-Porque iré a darte clases, mi meta es hacer que termines tus estudios o al menos llegues a donde están los niños de tu edad ¿Creías que yéndote íbamos a cancelar todas las lecciones de matemáticas u ortografía?- Eso era lo más lógico, pienso, no nos volveríamos a ver, se suponía- Hasta crees, eres una niña brillante Emma, estoy segura que puedes dar mucho más y yo me encargaré de explotar ese potencial.
-¿En serio?
-¿Ves que me ría?- Dice seriamente- ¡Claro que no! Iré a las cinco para darte clases, avanzaremos más rápido así, no hay problema ¿Verdad?
“Michael” Pienso, pero al instante sé que sería imposible, es un desastre ese pequeño, pero creo que soy una de las pocas personas que en verdad lo puede controlar y no será ningún problema con Sae presente, no es tan travieso cuando hay visitas.
-No, no lo hay. Digo, mientras ella me abraza.
-Te veré hoy a las cinco entonces. Dice y me acompaña a la puerta.

La mañana pasa rápido, Michael no presenta muchos problemas, el verdadero problema es cuando Rebbie, Jackie, Tito y Jermaine llegan de la escuela, como son los mayores, pueden llegar a la casa solos, La Toya siempre se encierra a jugar con sus bonitas muñecas de trapo y Marlon a penas y hace ruido en la casa, a veces se me acerca, para contemplarme mientras cargo a Michael, se sienta a lado mío y empieza a hablar sobre temas interesantes para él, pero divertidos para mí, cuando los tres mayores llegan de la escuela, se me vienen en sima, mientras Michael ríe divertido al verme en problemas, espero que eso no se le haga manía.
Los tres primeros quieren que juegue con ellos, pero Michael también lo exige, al igual que La Toya y Marlon, así que yo me veo enredada en una planificación de un juego para todos, que resulta ser una mezcla de una película de espías y princesas.
Pero la paz llega cuando Sae entra a la casa, a darme mi primera lección particular, todos se sientan alrededor de ella, yo con Michael en el regazo mientras duerme, Sae se dedica a enseñarme cosas y yo anoto en una pequeña libreta, con mi burda caligrafía, mientras los demás la observan cautivados.
Mayo

Junio

Julio

Agosto.
Michael y yo cumplimos un año más, él  apenas su primer año y yo 11 años ya, he dominado todo lo que Sae me ha enseñado y me siento feliz,  puesto que ahora ya no pasa mucho tiempo en la casa tratándome de explicar ejercicios de matemáticas, Joseph a veces llega a ser un poco pesado y Sae no es de las personas que se dejan insultar, ahora ella solo está dos horas y se va justo cuando Joseph llega de la fundición de acero y empieza a preparar su fantástico mundo musical.

Tienen una banda llamada “The Falcons” me gusta su sonido, R&B, de lo poco que recuerdo de mi padre era que a él le encantaba todo eso, el rock n’ roll y el blues, ponía a Chuck Berry cada mañana.
“The Falcons” toca temas de ese tipo, me encanta el sonido y luego me sorprendo a mi misma tarareando la canción, como si ya me la supiera.

Sae a veces se quedaba hasta tarde para observarlos tocar, lo suficientemente astuta para que Joseph no la viera, pero cuando captaba alguna de sus miradas se despedía rápidamente de mí y se iba, diciéndome que nos veríamos mañana por la tarde, como cada día.
Creo en parte que la desaparición de Sae por las tardes en la casa Jackson disminuía la sobrepoblación que había, era muy divertido, en realidad, el hermano de Joseph tenía ocho hijos y juntándonos todos, hacíamos bromas, escuchábamos la música y permanecíamos en armonía, todos estábamos ahí, Joseph, su hermano, sus hijos, los pequeños Jackson, Katherine, Michael y yo, esos pequeños grandes momentos me hacían sentir en verdad parte de su familia, los hijos del hermano de Joseph ya me decían prima, por la cercanía que tenía con su familia biológica.

Pero  mi incursión a la música ocurrió de una manera asombrosa.
Mis lecciones de piano con Sae habían quedado en el olvido, puesto que habíamos estado tan ocupadas con mis clases particulares que no se nos había presentado la ocasión para que yo aprendiera, pero Katherine era una persona llena de sorpresas y un día hizo el mismo comentario que había realizado Sae meses atrás “Tienes dedos de pianista” y ella me enseñó a tocar el piano.
No era tan fácil como pensaba, Rebbie también estaba conmigo en las lecciones y me ayudaba a comprender cosas que no entendía, era muy inteligente en el tema, a diferencia mía, pero nos hacíamos intercambios, ella me ayudaba con el piano y yo le ayudaba con Matemáticas.
-En verdad quien inventó los números lo hizo para torturar a la humanidad- Dijo un día, mientras repasaba con ella una lección de geometría- ¡A mí no me interesa cuánto mide un maldito cuadrado!
Yo sólo soltaba carcajadas cuando decía aquella clase de comentarios, ¿Era normal eso en un niño de nuestra edad? A mí, las matemáticas me gustaban, pero no tanto como Literatura u Ortografía, que siempre habían sido mis favoritas.
Mi relación con Katherine se estrechó, nos llegamos a tener tanta confianza, que ella un día me dijo algo que me impactó.
-Sufrí polio cuando era niña. Me explicaba un día tranquilamente, mientras las dos nos hallábamos sentadas en el viejo sofá de la casa, un fin de semana caluroso de Agosto, a pocos días del cumpleaños de Michael y el mío, yo tenía un vaso de agua en las manos y casi lo dejo caer cuando ella habló- Fue difícil, pero lo superé y eso es lo que importa al final ¿No?
-¿Y no sentiste que era algo injusto?- Pregunto, recordando todas las veces en las que me había frustrado después de la muerte de mi padre, pensando que era un castigo de Dios por el cual yo tenía que pagar sin ser culpable de algún crimen.- ¿O como un castigo?
Katherine sonrió.
-No, siempre he creído que fue una prueba que Dios me dio para superar, él es muy inteligente Emma, nos va poniendo pruebas,  la mayoría no son fáciles, pero no hay nada que te él dé que tu no puedas hacer.
“Que tú no puedas hacer” Y en ese instante, le doy la razón.

Las pruebas que se me habían presentado habían sido tediosas y difíciles, la muerte de mi padre, el tener que liar con mi madre, mi difícil huída, el peligro del orfanato, incluso Joseph era una prueba, pues tenía que tener paciencia para no soltar algún comentario hilarante que despertara su ira.

Y ahí estaba Michael, ese dulce y tierno Michael, ya con un año de vida era, en palabras de Katherine “Toda una bala”, a penas estaba aprendiendo a caminar y ya quería correr, había veces en las que yo hacía piruetas dignas de una bailarina para detenerlo en una caída, mientras él reía a carcajadas porque creía que se trataba de un juego, que yo estaba jugando con él y la mayoría de las veces, lo hacía.
Los pequeños Jackson, Michael y yo siempre jugábamos, con las locas historias que luego Jackie inventaba, de gigantes monstruos que invaden una ciudad o cosas por el estilo, la mayoría de las veces el juego terminaba cuando llegaba la hora de la música, cuando Joseph y su hermano se ponían a tocar.
-¿Puedo agarrar la guitarra papá?- Le preguntó una vez un tímido Jermaine, con sus dulces 5 años, mirando la hermosa guitarra eléctrica que su padre tenía entre sus manos, Joseph le dirigió una mirada cargada de veneno, para decir una sola palabra, pero con tal severidad, que asustaba.
-No.
Mi vida con los Jackson, al menos en ese año, había sido así, llena de emociones, pero la que más me gustaba, era la de poder tener una familia, poder jugar aunque fuera por unos minutos con los pequeños Jackson, poder tener una razón por la cual cantar y sobre todo, por poder tener a Michael conmigo.
Un día inolvidable fue cuando dijo su primer sílaba, dijo “Ma” y yo estaba segura que era por “Mamá” por Katherine, la dulce y hermosa Katherine que siempre estaba dispuesta a cantarle una canción de cuna al pequeño cuando no podía dormir, al igual que a sus hermanos, pero ella tenía otra teoría.

-No dice “Ma” por mamá. Dijo ese día, sonriente- Dice “Ma” por “Emma”

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