Capítulo II: Descarga Eléctrica.

miércoles, 15 de enero de 2014

Me quedé ahí, parecía que mis huesos estuvieran congelados, tenía los ojos más abiertos de lo normal y la boca la tenía apretada, cualquiera que me viese en esa cómica posición habría pensado que había un maniquí en el hospital.
Mi “futuro” había llegado de la manera más extraña e irreal, envuelto en una manta azul de hospital, adentro de una cuna transparente y ese futuro todavía me miraba con curiosidad.
Moví mi cabeza hacia la izquierda y vi que el pequeño la seguía con sus hermosos y centellantes ojos, la moví a la derecha y él imitaba su gesto anterior, siguiendo mi cabeza hacia el lado derecho, sonreí, divertida y me fui, escuchando como en ese instante, un bebé empezaba a lloriquear.

“Habitación 205” “Habitación 205”
Repasaba mi mente, mirando los números que estaban colocados en cada puerta, desesperándome en el número 100, pues sabía que me faltaba mucho por recorrer.
“201,202, 203,204…”
Me detuve y sonreí entre satisfecha y nerviosa, había llegado.
La puerta estaba entre abierta, agudicé mi oído para escuchar mejor.
-Sí, Hattie, avísale a los niños que tendrán un nuevo hermanito, Michael, sí, se llamara Michael. Dijo la voz cálida y suave de una mujer.
-El doctor dice que el bebé nació sano, eso me da gusto, al menos no causará tantos problemas- Dijo una voz masculina, que me obligó a retroceder, a alejarme de la puerta, era una voz grave con matices de crueldad, una voz que te podía matar a latigazos- Lo siento Katherine- continuó la voz- Pero me tengo que ir, el trabajo ha estado largo y difícil estos días, me tengo que dar prisa si no quiero que se acumule.

Se escucharon pasos hacia la puerta, me alejé rápidamente de ella y corrí a la ventana.

El hombre salió, era un hombre hosco y se veía que podía ser agresivo, vi sus ojos, no eran cómo los de bebé Michael, estos eran pequeños y no había ningún rastro de ternura en ellos, ningún rastro de compasión.
-¿Estás perdida?- Me preguntó con voz ronca, negué con la cabeza y él se marchó, mirándome con curiosidad como si no creyera mi respuesta.
Cuando estuvo lo suficientemente lejos, me acerqué a la puerta de la habitación 205 y con mi mano toqué el frío picaporte y empuje la puerta.
-¿Y ahora que sucede Joseph?- Dijo la voz suave de la señora Katherine, al voltear a verme su expresión pasó de alegría a algo parecido a sorpresa o tal vez miedo, como si en frente de ella hubiera un espectro en vez de una niña de 10 años.
Me analizó de pies a cabeza, cómo si no creyera que yo fuera real, como si pensara que la figura que tenía en frente no era nada más que una ilusión.
Katherine y el bebé Michael tenían los mismos ojos, solo que los de ella lucían más opacos y cansados, ella en sí se veía cansada.
“¡Acaba de tener un hijo! ¿Qué querías? ¿Qué se viera como una Miss universo acaso?” Me regañó mi conciencia, a la que ya se le empezaba hacer hábito eso.
Ella me seguía observando.
-Tú…-Me dijo- Te he visto antes.
Arquee las cejas como modo de sorpresa, nunca la había visto, al menos a ella no.
-Estoy segura de eso- continuó, pero no se dirigía a mí, era como si tuviera una conversación con ella misma, pero en ese instante me miró- ¿Cómo te llamas?
-Emma- Dije en un susurro casi inentendible.
-¿Mema?- Preguntó- ¿Guillerma?
Solté una pequeña risita.
-No, Emma. Dije con voz más clara y concisa.
Me observó por un largo rato, como si estuviera indecisa a hablarme o no.
-Emma- Susurra y yo la miro fijamente, esperando a que hable.
-¿Qué haces aquí?- Pregunta.
Ahora la que no habla soy yo, ¿Qué le puedo decir? “Hola, soñé con tu hijo, el bebé recién nacido, mi misión es protegerlo de todos los males y formaremos una hermosa familia”
-Eh…hoy es mi cumpleaños y… y…- Me quedé pensando- Nada más vagaba por el hospital.
¡Bravo Emma! Ahora pensara que eres una psicópata que entra a habitaciones de gente desconocida porque sí.
Ella me miró entre divertida y nerviosa.
De repente, su rostro se iluminó, como si hubiera encontrado la respuesta a la pregunta más difícil del planeta.
Puedes creer Emma- Empezó a decirme- que soñé contigo a penas hace dos noches.
Abrí los ojos como platos: “Puedes soñar con tu futuro” Nuestro futuro ya estaba entrelazado desde antes, nuestro destino había sido escrito con la misma pluma, en el mismo papel, esperando solo el momento y el lugar adecuado para salir a la luz, por algo escapé ese día de esa casa, por algo tuve una pelea con Isobel Rosenberg, por algo aparecí en este hospital y ese algo es precisamente este momento.
¿Qué hubiera pasado si yo hubiese decidido quedarme en casa? Lo hubiera encontrado de otra forma, esto ya estaba planeado con anticipación y tenía la sospecha de que el señor destino estaba metido en esto, tal vez la otra forma de encontrar al bebé Michael y a Katherine hubiera sido más curiosa e incluso más irreal, pero los hubiera encontrado, justo como ahora.
--¿Yo?- Tartamudeé
-Sí, tú, tú…cargabas a mi hijo, a Michael y me decías, me jurabas, que lo protegerías y que nunca lo dejarías caer, porque antes de eso caerías tú para que él pudiera detenerse a tiempo, para que él no sufriera los golpes de la caída y en cambio los sufrieras tú…
Me pareció increíble en ese instante, la manera en que Dios entrelazaba la vida de las personas, haciendo cómicos nudos, pero al final nudos irrompibles, nudos que nunca se podrían romper, porque eran la fuerza más poderosa del planeta.
No contesté durante un largo rato, pues las palabras de Katherine me habían sorprendido hasta niveles insospechados, pues, nunca pensé que pudiera sentir tanto cariño por un pequeño ser, si nuestro único contacto había sido a penas visual.
En ese momento alguien irrumpió esa escena que parecía haberse quedado suspendida y que los minutos no pasaban.
-El pequeño ya tiene ganas de ver a su mamá. Dijo la voz de una enfermera a la cual nunca había visto, traía un bulto envuelto en una manta azul, al bebé Michael, que no paraba de llorar, soltando grito tras grito, uno más agudo que el anterior- O al menos eso parece- continuó la enfermera- No ha parado de llorar desde hace unos minutos y no supimos como relajarlo.
Katherine sonrió y extendió los brazos para tocar al bebé, pero esto no hizo ningún cambio en su estado de ánimo, al contrario, empezó a llorar más fuerte.
-Ya, ya- Le susurraba Katherine al bebé para que se relajara, pero este no lo hacía, entonces me miró y noté un destello en sus ojos.
-Cárgalo tú. Me dijo Katherine.
-¿Yo?- Pregunté con pánico.
-Sí, sí, sostenlo tú, vamos a ver si mi sueño fue realidad. Me dijo y extendió a Michael para que yo lo sostuviera, mientras mis piernas temblaban como gelatina y mis brazos igual, nunca había cargado a un bebé, ni siquiera a Maurice.
Sostengo el pequeño bulto entre mis brazos, sus lloriqueos ya eran tan estridentes que estaba segura de que en algún momento mis tímpanos explotarían.
Justo en el momento en el que Michael está en mis brazos, me invade una sensación de paz increíble, poco a poco, él ha parado de llorar.
El pequeño me da fuerzas, mis brazos dejan de temblar y se me forma un nudo en la garganta, una sensación mágica aflora en mí cuando está en mis brazos y me observa, lo más seguro preguntándose “¿Quién es?”, lo arrullo de un lado a otro, tiene unas delgadas, delicadas y largas manos y tiene esos enormes ojos marrón que tanto me encantan, que significaron para mí algo más que unos simples globos oculares, para mí significaron la esperanza que yo ya consideraba perdida, para mí significaron el encuentro con el destino que se me había impuesto y yo lo iba a aceptar gustosa.
La enfermera me observa atónita, al contrario de Katherine, que parece satisfecha, el bebé Michael me mira con curiosidad, no quita su mirada de mí lo cual se me hace el acto más tierno del planeta.
Mis piernas se cansan y busco una silla para sentarme, en este momento, todos han desaparecido, menos bebé Michael y yo, lo empiezo a menear de un lado a otro para arrullarlo, entono una canción en voz baja y va cerrando los ojos lentamente.
-Al parecer funcionó que lo cargaras pequeña- Me dijo la enfermera mientras extendía las manos para que le diera a Michael.
No lo quería soltar, simplemente no quería, no quería dejar esa sensación de paz que él me traía cuando estaba en mis brazos, pero la enfermera insistió y se lo di.
Cuando la enfermera salió, miré a Katherine, que sonreía con satisfacción.
-No sé porqué, pero esa escena se me hizo familiar. Dijo y al instante recordé que ella había soñado que yo cargaba a Michael, soñó que yo le había prometido nunca dejarlo caer.
-Mi padre tenía la teoría de que podíamos soñar con nuestro futuro. Susurré
-Una teoría bastante buena y bastante cierta al menos por mi parte, soñé contigo y al cabo de unos días te encontré Emma, es algo bastante curioso y bastante mágico, pero algo bueno.
-Después de todo, algo bueno. Digo sonriendo, creo que no podría pedir un mejor regalo de cumpleaños que esto.
Katherine y yo hablamos, mientras las horas pasan y pasan, cuando menos me lo espero, veo desde la ventana una hermosa luna llena.
-Vaya, ya es tarde, será mejor que me vaya. Digo mientras me dirijo a la puerta pero la voz de Katherine me interrumpe.
-Vendrás a visitarme mañana ¿Verdad?
Simplemente no puedo decir que no.
-Claro. Digo con una sonrisa boba en la cara y salgo de la habitación, todavía con la hermosa sensación que tuve cuando cargué a bebé Michael.
Recorro todo el hospital que está prácticamente vacío, sólo algunas enfermeras que me ven y sonríen, entre ellas la enfermera de hace unos minutos que cuando me ve le murmura algo a la chica que está a un lado de ella, esta responde con una expresión de sorpresa, sonrío, porque sé que hablan de lo sucedido hace algunos minutos.
Llego a mi habitación, donde todavía está el pastel que está más pequeño a comparación de la última vez que lo vi (Alguien debió de entrar y darle uno que otro pellizco) me dedico a acabármelo todo, me lavo los dientes, me recuesto en mi cama y cierro los ojos.
“Gracias Elle- Pienso- Gracias por hacerme recorrer todo el hospital, porque gracias a eso, encontré lo que tanto buscaba”
Con este pensamiento, me quedo dormida, feliz, en este momento, soy la persona más feliz del planeta.
“Te dije que hubiera sido mejor comprarle una pijama Elle” Son las palabras que me reciben en la mañana, Lily y Elle están alado de mi cama, observándome dormir, había olvidado por completo que me había dormido con la ropa puesta.
Abro los ojos lentamente.
-Buenos días. Les digo y ellas abren los ojos como platos, pues no esperaban que ya hubiera despertado, sonrío ante su gesto y estiro mis brazos.
-¿Cómo te la pasaste ayer en tu cumpleaños? Muchas enfermeras me dijeron que te vieron vagando en el hospital a altas horas de la noche. Dijo Elle entre seria y divertida.
-Eso no es lo único que se dice de ella, Elle. Le dice Lily alegre- Dicen que Emma tiene una clase de  poder sobre los  bebés recién nacidos.
Elle le lanza una mirada escéptica y después me mira.
-Cuéntame con todo detalle que pasó ayer.
Sonrío con picardía y suelto toda la sopa, desde cuando me levanté de esta cama en la mañana, hasta cuando regresé ya a altas horas de la noche (Para ser más específica, a la medianoche)
-Así que eso del control sobre los bebés es cierto- Dijo Elle sorprendida- Nunca había pasado con ninguno, la mayoría ven a sus mamás y se relajan, pero este, te vio a ti y al instante se calmó- Se quedó pensando mucho tiempo y después me lanzó una mirada acusadora-¿Qué le hiciste?
-¿Yo? Nada, solo lo vi una vez antes de lo sucedido, cuando paseaba por el hospital fui a donde están los bebés recién nacidos y lo miré a él por casualidad, nada más.
Mentira y más mentira Emma, si bien que lo vi porque su mirada me atrajo y no lo había visto solo una vez desde lo sucedido.
-Interesante. Pareció murmurar Lily.
Hubo un momento de silencio que fue interrumpido con la llegada de mi desayuno.
-Lily, tengo que hablar contigo, es algo importante. Le dijo Elle a Lily y ambas salieron de la habitación.
Aprovecho que Elle y Lily se van, para salirme de mi habitación y dirigirme a la 205, le dije a Katherine que iría a verla.
Al llegar a la puerta, toco dos veces, tal vez todavía esté dormida.
-Pase. Dice la cálida voz de Katherine, abro la puerta y veo que su mirada se ilumina al verme- No pensé que vinieras tan temprano. Me dice con una sonrisa.
-Quiero estar aquí el mayor tiempo posible. Digo sonriendo, acercando una silla a su cama y sentándome en ella.
Es ahí donde conozco mejor a Katherine Esther Jackson.
Madre de seis hijos, ahora siete, dos chicas y cinco chicos,  casada con Joseph Jackson, el hombre al que vi ayer y el que me generó pánico con tan solo verle los ojos, vive en una casa pequeña a pesar de ser una familia tan numerosa, Joseph trabaja arduamente para sacarlos adelante, pero a pesar de todo, son felices, solo por una sencilla y simple razón: La música
La música para mí nunca ha sido algo tan esencial, puedo vivir un día sin escuchar música, pero al parecer eso en la familia Jackson  es imposible.
-Tenemos una tradición- Me cuenta Katherine- Cada noche, debido a que nuestro televisor está roto, yo organizo una especie de espectáculo de cánticos, toda la familia canta en las noches, es una tradición de hace ya tres años.
Sonrío al verla tan alegre y tan risueña, al parecer la música es capaz de lograr cosas que yo nunca pensé.
-Pero ya fue mucho sobre mí, háblame de ti. Me dice con ternura.
¿De mí? Nunca había hablado de mí con nadie, ni siquiera con mi padre, nunca he expresado alguna opinión o algo por el estilo, así que esto es algo nuevo para mí.
-Bueno, soy una persona de pocas palabras. Digo rápidamente.
-Vamos, tenme confianza. Me dice con una sonrisa, ella me ha contado toda su vida, creo que lo más justo sería que yo fuera recíproca.
Le cuento mi vida, desde los hermosos momentos con papá hasta los acontecimientos de  hace un mes atrás, también incluyo el sueño que tuve sobre el pequeño Michael, que en mi sueño ya no era tan pequeño pero era él, de eso estoy segura.
-Creo que esto estuvo planeado desde hace tiempo. Dice sonriente
-¿Esto?
-Sí Emma, esto, el encuentro entre tú y Michael, yo lo soñé, tú lo soñaste y de seguro el pequeño ya tenía tu imagen grabada, por eso dejó de llorar cuando lo cargaste.
¿Será eso? ¿Será ese el “Poder” del que Lily hablaba que tenía? Podía ser, cuando alguien ve a una persona conocida, se relaja, se calma, puede que el bebé ya me conociera a mí desde antes, desde antes que a Katherine.
La puerta se abre y de ella se asoma una niña más o menos de mi edad, unos ocho años, detrás de ella llegan otros dos pequeños, parece que van por orden de estaturas.
-¡Mami!- Grita la niña corriendo a abrazar a su madre, tiene cierto parecido con Katherine, la misma tez oscura y las mismas facciones, a excepción de los ojos, los tiene como los de Joseph, los otros dos niños que la siguen si tienen los ojos de Katherine.
-¡Maureen!- Le dice Katherine a la niña mientras le deposita un suave beso en el cabello.- Mis niños. Dice al ver a los pequeños que van directo a ella para llenarla de besos en la cara.
La pequeña Maureen se suelta de su madre para observarme, me mira con desconfianza.
-Mami, ¿Quién es ella? Pregunta señalándome con el dedo.
-Es Emma, Maureen, una amiguita.
Al escuchar la palabra “Amiguita” las facciones de Maureen se relajan.
-Hola, soy Maureen, pero todos me dicen Rebbie. Dice sonriendo y dándome la mano, como si se tratase de un asunto de negocios.
-Hola Rebbie, soy Emma. Digo y respondo a su formal saludo, los otros dos niños me miran con curiosidad, de seguro preguntándose si se deben de presentar al igual que Rebbie o esperar a que su madre haga de presentadora.
-Mira Emma, ellos son tres de mis hijos, Maureen, Sigmund y Toriano, pero todos en la familia los conocemos como Rebbie, Jackie y Tito.
-Hola niños. Digo con ternura, Jackie y Tito sonríen con timidez y un rubor rojizo invade sus mejillas.
-Mami, papá está abajo, subirá en unos minutos. Dice Jackie en un gracioso tono infantil, pero la mirada de Katherine se ensombrece.
-¿Dejaron a sus hermanos solos?- Dice un tanto enojada.
-No, tía Hattie se quedó con ellos, pero no pueden venir, son demasiado pequeños para estar en un hospital. Dice Tito
Casi suelto una risotada al escuchar su tono de voz, habla como todo un adulto, como si sus hermanos pequeños fuesen niñatos y él fuera el mayor y el más maduro.
En ese momento, entra la enfermera de ayer con bebé Michael, que está profundamente dormido, los tres hermanos se amontonan enfrente de él y la enfermera, para poder verlo mejor, escucho frases como: “Hola hermanito” “Está dormido” o “Prepárate para cuando seas mayor Michael” el último hace que Katherine y yo esbocemos una sonrisa, pues es una amenaza divertida, la que les haces a tus amigos o hermanos cuando te hacen una broma.
La enfermera logra brincar a los tres niños y le entrega el bebé a Katherine.
-Cómo bien sabe señora Jackson, después del parto se tiene que quedar dos días en el hospital, mañana es su segundo así que pasado mañana será dada de alta. Informa la enfermera, los niños sonríen con satisfacción, pues ya tendrán a su madre y a su hermanito todo el tiempo que quieran.
En ese momento alguien interrumpe en la sala y hace que los vellos de mi nuca se enchinen, Joseph Jackson acaba de entrar a la habitación.
-Buenos días enfermera-Dice al ver a la joven que está a lado suyo, la cual retrocede dos pasos, al parecer no soy la única que le tiene miedo a ese hombre- Katherine, ¿Cómo pasaste la noche?
Katherine sonríe al ver a su marido.
-Muy bien Joseph, gracias por preocuparte.
La mirada de Joseph va de Katherine a mí, al parecer me reconoce y me mira con cautela, como si fuera una enemiga en potencia.
-Hola niña. Me dice secamente, yo sólo atino a saludar con la mano, la cual está más tiesa que una tabla.
-Oh Joseph, déjame presentarte a Emma, la conocí ayer (Noto que me mira con picardía al pronunciar el “Ayer”), es una chica simpática. Dice Katherine sonriendo.
Yo sólo logro susurrar un “Hola” casi inentendible, a pesar de que no me ha hecho nada, el hombre me aterra.
-Le estaba diciendo a su esposa señor Jackson, que el niño y ella se pueden ir pasado mañana a su casa.
Joseph le agradece la información a la enfermera y esta se retira rápidamente de la estancia.
-¿Cómo han estado los niños?- Le pregunta Katherine a Joseph, mientras sostiene al pequeño que está a punto de despertar.
-Bien, desesperados por ver al niño- Dice con tono seco- ¿Cómo dices que se va a llamar?
-Michael. Le dice Katherine con paciencia.
-Bien, sólo espero que ese niño valga la pena. Dice y noto como la sangre se me sube a las mejillas, habla como si el pequeño fuera un objeto o un negocio, quiere ver si fue una buena inversión o no.
El pequeño Michael despierta y al sentir tanta gente (O tal vez la sola presencia de Joseph) empieza a llorar.
-Ya, ya, Michael. Le susurra Katherine para que se relaje.
-Ha de tener hambre. Sugiero, ella cómo respuesta nos da la espalda a cada uno de nosotros para poder amamantarlo sin la mirada de todos en ella.
-Así que…espías habitaciones de extraños ¿Eh? Me pregunta Joseph, lo miro con el entrecejo fruncido.
-¿A qué se refiere?- Le pregunto algo enojada.
-A que ayer te vi y te pregunté si estabas perdida, tú dijiste que no, estabas esperando el momento adecuado para entrar a la habitación de mi esposa ¿Verdad?
Guardo silencio y bajo la mirada, prácticamente estaba haciendo eso el día anterior, pero Joseph hace pensar que lo que hice fue un crimen, el peor crimen de todos.
-Sólo necesito que me respondas. Me dice Joseph, me siento en un interrogatorio judicial.
-Pues en realidad no espiaba…-Empiezo a decir, piensa rápido Emma, me apresuro se me tiene que ocurrir algo lo suficientemente creíble- Mi doctora me pidió que viniera a checar las habitaciones de la 200 a la 210.
Él arquea las cejas, escéptico.
-¿Doctora?
-Sí, Elle Bucket, me pidió que checara si cada uno de los pacientes estaba bien, pero cuando llegué a la habitación de su esposa entablamos una conversación y prometí que vendría a verla hoy para saber cómo estaba.
Él se queda pensando mucho tiempo mi respuesta, hasta que relaja sus facciones y mira a su esposa, que ya había acabado de alimentar a Michael.
-Entonces saldrás pasado mañana.
-Sí.
-Bien, nos vemos hasta ese día, no podré venir mañana, pero vendrán tus hermanos a verte. Dice seco, se despide de ella con un beso en la mejilla y conmigo con una cabezada, les indica a los niños (Que hasta ese momento estaban hablando de cómo sería su vida con Michael en ella) que se despidan de su madre y salgan con él, ellos lo hacen y me depositan un beso en la mejilla, Jackie un poco avergonzado, el cuarteto sale de la habitación y nos deja a Katherine, Michael y a mí solos.
-Me alegra que vinieran. Dice Katherine sonriendo- Los niños tenían muchas ganas de ver a Michael.
Evito hacer preguntas sobre Joseph pues sé que resultaría incómodo para las dos, por cómo hablaba y los gestos que hacía, supe que Joseph no era alguien de fiar ni alguien que se dejara querer fácilmente.
-¿Puedo cargar a Michael? Pregunto tímidamente, ella me mira y con un gesto de ternura en la mirada me dice:
-Bien sabes que para eso no debes de pedir permiso. En ese instante me da al bebé y yo lo sostengo, la sensación del día anterior me invade otra vez ,esa mágica sensación, él otra vez me mira, igual que ayer.
-Te vez hermosa con él, lo miras con una ternura indescriptible, como si en él estuvieran depositadas tus esperanzas por sobrevivir.
“Lo están Katherine” pienso, pero en lugar de decirlo, sólo sonrío.
-Estoy segura de que será un chico encantador. Digo sonriendo, me imagino a un Michael mayor, conquistando a millones de chicas con su mirada y su sonrisa y yo me pondría celosa, pues fui la primera en verlo.
-Lo será. Dice su madre, en ese instante llega la enfermera y sonríe al ver que la escena del día anterior se está repitiendo.
-¿Me puedes dar al bebé pequeña?
Me dice y yo, sin ganas, se lo doy, ella se lo lleva y cierra la puerta.
-Emma…
Me dice Katherine, yo volteó.
-¿Sí?
-¿Cuándo te irás del hospital?
Esa pregunta hace que descienda de mi nube en un instante, se supone que mi plazo para encontrar familia se venció ayer, de seguro Elle en este momento ha de estar buscando un orfanato al cuál llevarme, la idea hace que una punzada de dolor me ataque el corazón.
-No tengo fecha exacta-Digo- Mi doctora no me ha dicho nada.
-Espero que lo sepas pronto, me gustaría que nos fueras a visitar a nuestra casa, es pequeña pero siempre te daremos la bienvenida. Dice con una sonrisa- en ese momento toma un papel y una hoja que estaban a lado de su cama y anota algo, para entregármelo.
“2300 Jackson Street Gary, Indiana.”
-Me encantará ir a visitarlos, tus pequeños son muy adorables. En mi mente me pregunto si en el orfanato en el que esté dejen hacer salidas o algo así, porque si no, yo me escaparía por la ventana.
-Y espera a conocer a los demás- Dice con una tierna sonrisa - todos son muy adorables y ocurrentes, me hacen reír todo el tiempo.
Sonrío ante la imagen de muchos pequeños corriendo por una casa, haciendo bromas para ver a su mami sonreír, cómo me hubiera encantado hacer eso con la mía, pero el destino dictó que fuera un imposible.
Cae el medio día y noto que me rugen las tripas de hambre, no he comido nada desde el desayuno y lo peor fue que no me lo comí del todo.
-¿Por qué no vas a comer algo? Me sugiere Katherine- Has estado toda la mañana conmigo y es justo para ti salir a respirar.
Me levanto de la silla y le entrego al bebé, que se ha vuelto a quedar dormido y salgo de la habitación, sin siquiera despedirme.
Llego a mi habitación y noto que ya han dejado la comida en la cama, sopa de verduras y pollo rostizado a un lado, empiezo a comer lentamente, saboreando cada cosa que pasa por mi boca, tomo agua y veo que a lado de mí hay un conjunto de ropa distinto, un blusón rojo y unos pantalones de mezclilla, junto con una pijama.
Termino de comer y me meto a la ducha, llorando, pues sabía que esa podría ser la última vez que veía a Michael y a Katherine, sabía que dentro de unas horas o tal vez mañana en la mañana vendrán Lily y Elle a avisarme que me trasladarán a un orfanato, pues no hubo nadie que se apiadara de mí.
No me despedí, nunca me han gustado las despedidas, por eso no miré atrás cuando dejé a mi hermano pequeño Maurice en la casa, por eso no dejé ninguna nota de despedida a mis hermanos, las despedidas son dolorosas y se me hace algo masoquista en el ser humano hacerlas, pues sufres porque quieres, siento que si no te despides, sufres menos.
Termino de bañarme y apago la ducha, me cambio y me dejo le pelo húmedo, sin peinar, no le pasará nada, sólo se esponjará más.
Me recuesto en la cama y me quedo pensando en el  mágico momento de ayer, cómo fue descubrir los nudos que el destino armaba y cómo fue tener al bebé Michael en mis brazos, esos momentos que se quedarán en mi memoria para siempre, porque recordaré cómo fui feliz aunque fuese sólo un instante, recordaré como fue el encuentro con los tres hilarantes hermanos Jackson, hasta recordaré con un poco de gusto la presentación con Joseph, después de todo, el forma parte de Michael y por lo tanto forma parte de mí.
Una lágrima cae por mi mejilla y no hago nada por detenerla, por un momento, por una milésima de tiempo creí que la teoría de mi papá era verdad, que podía soñar con mi futuro, pero este no es el caso, la pregunta que Katherine me hizo, hizo que bajara de la nube en la que andaba y me topara cara a cara con la realidad.
Me hago un ovillo y con el cabello húmedo y los ojos escurriendo de lágrimas, recargo mi cabeza en mis rodillas y me quedo dormida.
Sueño que estoy en un túnel sin salida, pues corro lo más rápido que puedo y nunca llego al final, parece eterno, mis pulmones se agotan y necesitan aire, así que me detengo a respirar, pero el túnel sigue y al parecer más oscuro, parece que me he metido a la boca de un lobo.
Entonces todo se ilumina y siento unos largos dedos en mi hombro, me atraen a alguien, pero no sé distinguir a quien, pues la iluminación se ha vuelto tan fuerte que no me deja ver.
La persona es mucho más alta que yo, tiene la piel color canela, cuando puedo distinguir todo a la perfección, puedo ver justo en frente de mí los mismos ojos marrones que me miraban hace unas horas.
Estoy en frente de Michael otra vez.
Pero este es un Michael más maduro, tenía razón con decir que sería un chico encantador, unos caireles le caen suavemente por el rostro y viste una camisa azul con unos pantalones negros.
Una sonrisa invade su rostro y yo sonrío como boba, sigue teniendo la sonrisa más brillante del planeta y creo que siempre la tendrá.
Me recargo en su hombro y él recarga su cabeza en la mía, nos quedamos así por mucho tiempo, yo disfrutándolo pues sé que podría ser mi último momento con él.
No sé si hablar o no, pues puede que sólo sea un mero contacto físico y que después todo se evapore y yo despierte, “No tienes nada que perder” me digo y hablo.
-Creo que después de todo, no voy a poder protegerte ni a estar contigo, como me dijeron mis sueños y como lo dijo el sueño de Katherine.
Él me mira y sonríe divertido, es cómo si él se estuviera mofando de mis palabras o como si creyera que fue un buen chiste.
-Hasta crees que te vas a librar tan fácil de mí. Dijo y depositándome un beso en la frente, todo se evapora y hace que despierte.
Mi siesta matutina ha llegado hasta la tarde y veo que está la puesta de sol, la puesta de sol más bella que he visto en mi vida, las nubes se tiñen de color rosáceo y naranja, mientras que el sol se despide de mí con sus últimos rayos.
La noche llega y puedo sentir el brillo de la Luna en mi rostro ¿Cómo estarán Katherine y Michael ahora? ¿Katherine se habrá sorprendido porque no regresé a darle las buenas noches? O habrá pensado que me distraje y que iré a verla al día siguiente para explicarle, mi mente opta por la segunda opción y me quedo observando el techo blanco hasta el amanecer.
Estoy en un ensimismamiento, ni siquiera noto cuando el hospital empieza a fluir, se supone que hoy es el último día de Katherine en el hospital y que mañana se va, mañana se irá, con mi destino entre tus dedos.
“Hasta crees que te vas a librar tan fácil de mí” fueron las palabras que me dijo un Michael adulto en mi sueño, culpo a mi estúpida imaginación por querer aferrarse a un imposible, a un tonto imposible que parecía posible apenas hace dos días.
En ese momento, Elle abre sigilosamente la habitación.
-Emma ¿Estás despierta?
Me levanto y al ver mi cara ella compone una mueca de dolor, cómo si le dolieran las palabras que estaban a punto de salir de su boca.
-¿Qué sucede?
Ella toma aire y con lágrimas en los ojos me dice.
-Ve guardando tus pertenencias Emma, el autobús del orfanato de Gary vendrá a recogerte en unas horas.

“La gente cree que el destino es como un río que fluye en una sola dirección. Pero yo le he visto la cara al tiempo y es cómo un océano en la tormenta”

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