Me quedé ahí, parecía que
mis huesos estuvieran congelados, tenía los ojos más abiertos de lo normal y la
boca la tenía apretada, cualquiera que me viese en esa cómica posición habría
pensado que había un maniquí en el hospital.
Mi “futuro” había llegado de
la manera más extraña e irreal, envuelto en una manta azul de hospital, adentro
de una cuna transparente y ese futuro todavía me miraba con curiosidad.
Moví mi cabeza hacia la
izquierda y vi que el pequeño la seguía con sus hermosos y centellantes ojos,
la moví a la derecha y él imitaba su gesto anterior, siguiendo mi cabeza hacia
el lado derecho, sonreí, divertida y me fui, escuchando como en ese instante,
un bebé empezaba a lloriquear.
“Habitación 205” “Habitación
205”
Repasaba mi mente, mirando
los números que estaban colocados en cada puerta, desesperándome en el número
100, pues sabía que me faltaba mucho por recorrer.
“201,202, 203,204…”
Me detuve y sonreí entre
satisfecha y nerviosa, había llegado.
La puerta estaba entre
abierta, agudicé mi oído para escuchar mejor.
-Sí, Hattie, avísale a los
niños que tendrán un nuevo hermanito, Michael, sí, se llamara Michael. Dijo la
voz cálida y suave de una mujer.
-El doctor dice que el bebé
nació sano, eso me da gusto, al menos no causará tantos problemas- Dijo una voz
masculina, que me obligó a retroceder, a alejarme de la puerta, era una voz
grave con matices de crueldad, una voz que te podía matar a latigazos- Lo
siento Katherine- continuó la voz- Pero me tengo que ir, el trabajo ha estado
largo y difícil estos días, me tengo que dar prisa si no quiero que se acumule.
Se escucharon pasos hacia la
puerta, me alejé rápidamente de ella y corrí a la ventana.
El hombre salió, era un
hombre hosco y se veía que podía ser agresivo, vi sus ojos, no eran cómo los de
bebé Michael, estos eran pequeños y no había ningún rastro de ternura en ellos,
ningún rastro de compasión.
-¿Estás perdida?- Me
preguntó con voz ronca, negué con la cabeza y él se marchó, mirándome con
curiosidad como si no creyera mi respuesta.
Cuando estuvo lo
suficientemente lejos, me acerqué a la puerta de la habitación 205 y con mi
mano toqué el frío picaporte y empuje la puerta.
-¿Y ahora que sucede
Joseph?- Dijo la voz suave de la señora Katherine, al voltear a verme su
expresión pasó de alegría a algo parecido a sorpresa o tal vez miedo, como si
en frente de ella hubiera un espectro en vez de una niña de 10 años.
Me analizó de pies a cabeza,
cómo si no creyera que yo fuera real, como si pensara que la figura que tenía
en frente no era nada más que una ilusión.
Katherine y el bebé Michael
tenían los mismos ojos, solo que los de ella lucían más opacos y cansados, ella
en sí se veía cansada.
“¡Acaba de tener un hijo!
¿Qué querías? ¿Qué se viera como una Miss universo acaso?” Me regañó mi
conciencia, a la que ya se le empezaba hacer hábito eso.
Ella me seguía observando.
-Tú…-Me dijo- Te he visto
antes.
Arquee las cejas como modo
de sorpresa, nunca la había visto, al menos a ella no.
-Estoy segura de eso-
continuó, pero no se dirigía a mí, era como si tuviera una conversación con
ella misma, pero en ese instante me miró- ¿Cómo te llamas?
-Emma- Dije en un susurro
casi inentendible.
-¿Mema?- Preguntó- ¿Guillerma?
Solté una pequeña risita.
-No, Emma. Dije con voz más
clara y concisa.
Me observó por un largo
rato, como si estuviera indecisa a hablarme o no.
-Emma- Susurra y yo la miro
fijamente, esperando a que hable.
-¿Qué haces aquí?- Pregunta.
Ahora la que no habla soy
yo, ¿Qué le puedo decir? “Hola, soñé con tu hijo, el bebé recién nacido, mi
misión es protegerlo de todos los males y formaremos una hermosa familia”
-Eh…hoy es mi cumpleaños y…
y…- Me quedé pensando- Nada más vagaba por el hospital.
¡Bravo Emma! Ahora pensara
que eres una psicópata que entra a habitaciones de gente desconocida porque sí.
Ella me miró entre divertida
y nerviosa.
De repente, su rostro se
iluminó, como si hubiera encontrado la respuesta a la pregunta más difícil del
planeta.
Puedes creer Emma- Empezó a
decirme- que soñé contigo a penas hace dos noches.
Abrí los ojos como platos:
“Puedes soñar con tu futuro” Nuestro futuro ya estaba entrelazado desde antes,
nuestro destino había sido escrito con la misma pluma, en el mismo papel,
esperando solo el momento y el lugar adecuado para salir a la luz, por algo
escapé ese día de esa casa, por algo tuve una pelea con Isobel Rosenberg, por
algo aparecí en este hospital y ese algo es precisamente este momento.
¿Qué hubiera pasado si yo hubiese
decidido quedarme en casa? Lo hubiera encontrado de otra forma, esto ya estaba
planeado con anticipación y tenía la sospecha de que el señor destino estaba
metido en esto, tal vez la otra forma de encontrar al bebé Michael y a
Katherine hubiera sido más curiosa e incluso más irreal, pero los hubiera
encontrado, justo como ahora.
--¿Yo?- Tartamudeé
-Sí, tú, tú…cargabas a mi
hijo, a Michael y me decías, me jurabas, que lo protegerías y que nunca lo
dejarías caer, porque antes de eso caerías tú para que él pudiera detenerse a
tiempo, para que él no sufriera los golpes de la caída y en cambio los
sufrieras tú…
Me pareció increíble en ese
instante, la manera en que Dios entrelazaba la vida de las personas, haciendo
cómicos nudos, pero al final nudos irrompibles, nudos que nunca se podrían
romper, porque eran la fuerza más poderosa del planeta.
No contesté durante un largo
rato, pues las palabras de Katherine me habían sorprendido hasta niveles
insospechados, pues, nunca pensé que pudiera sentir tanto cariño por un pequeño
ser, si nuestro único contacto había sido a penas visual.
En ese momento alguien
irrumpió esa escena que parecía haberse quedado suspendida y que los minutos no
pasaban.
-El pequeño ya tiene ganas
de ver a su mamá. Dijo la voz de una enfermera a la cual nunca había visto,
traía un bulto envuelto en una manta azul, al bebé Michael, que no paraba de
llorar, soltando grito tras grito, uno más agudo que el anterior- O al menos
eso parece- continuó la enfermera- No ha parado de llorar desde hace unos
minutos y no supimos como relajarlo.
Katherine sonrió y extendió
los brazos para tocar al bebé, pero esto no hizo ningún cambio en su estado de
ánimo, al contrario, empezó a llorar más fuerte.
-Ya, ya- Le susurraba
Katherine al bebé para que se relajara, pero este no lo hacía, entonces me miró
y noté un destello en sus ojos.
-Cárgalo tú. Me dijo
Katherine.
-¿Yo?- Pregunté con pánico.
-Sí, sí, sostenlo tú, vamos
a ver si mi sueño fue realidad. Me dijo y extendió a Michael para que yo lo
sostuviera, mientras mis piernas temblaban como gelatina y mis brazos igual,
nunca había cargado a un bebé, ni siquiera a Maurice.
Sostengo el pequeño bulto
entre mis brazos, sus lloriqueos ya eran tan estridentes que estaba segura de
que en algún momento mis tímpanos explotarían.
Justo en el momento en el
que Michael está en mis brazos, me invade una sensación de paz increíble, poco
a poco, él ha parado de llorar.
El pequeño me da fuerzas,
mis brazos dejan de temblar y se me forma un nudo en la garganta, una sensación
mágica aflora en mí cuando está en mis brazos y me observa, lo más seguro
preguntándose “¿Quién es?”, lo arrullo de un lado a otro, tiene unas delgadas,
delicadas y largas manos y tiene esos enormes ojos marrón que tanto me
encantan, que significaron para mí algo más que unos simples globos oculares,
para mí significaron la esperanza que yo ya consideraba perdida, para mí
significaron el encuentro con el destino que se me había impuesto y yo lo iba a
aceptar gustosa.
La enfermera me observa
atónita, al contrario de Katherine, que parece satisfecha, el bebé Michael me
mira con curiosidad, no quita su mirada de mí lo cual se me hace el acto más
tierno del planeta.
Mis piernas se cansan y
busco una silla para sentarme, en este momento, todos han desaparecido, menos
bebé Michael y yo, lo empiezo a menear de un lado a otro para arrullarlo, entono
una canción en voz baja y va cerrando los ojos lentamente.
-Al parecer funcionó que lo
cargaras pequeña- Me dijo la enfermera mientras extendía las manos para que le
diera a Michael.
No lo quería soltar,
simplemente no quería, no quería dejar esa sensación de paz que él me traía
cuando estaba en mis brazos, pero la enfermera insistió y se lo di.
Cuando la enfermera salió,
miré a Katherine, que sonreía con satisfacción.
-No sé porqué, pero esa
escena se me hizo familiar. Dijo y al instante recordé que ella había soñado
que yo cargaba a Michael, soñó que yo le había prometido nunca dejarlo caer.
-Mi padre tenía la teoría de
que podíamos soñar con nuestro futuro. Susurré
-Una teoría bastante buena y
bastante cierta al menos por mi parte, soñé contigo y al cabo de unos días te
encontré Emma, es algo bastante curioso y bastante mágico, pero algo bueno.
-Después de todo, algo
bueno. Digo sonriendo, creo que no podría pedir un mejor regalo de cumpleaños
que esto.
Katherine y yo hablamos,
mientras las horas pasan y pasan, cuando menos me lo espero, veo desde la
ventana una hermosa luna llena.
-Vaya, ya es tarde, será
mejor que me vaya. Digo mientras me dirijo a la puerta pero la voz de Katherine
me interrumpe.
-Vendrás a visitarme mañana
¿Verdad?
Simplemente no puedo decir
que no.
-Claro. Digo con una sonrisa
boba en la cara y salgo de la habitación, todavía con la hermosa sensación que
tuve cuando cargué a bebé Michael.
Recorro todo el hospital que
está prácticamente vacío, sólo algunas enfermeras que me ven y sonríen, entre
ellas la enfermera de hace unos minutos que cuando me ve le murmura algo a la
chica que está a un lado de ella, esta responde con una expresión de sorpresa,
sonrío, porque sé que hablan de lo sucedido hace algunos minutos.
Llego a mi habitación, donde
todavía está el pastel que está más pequeño a comparación de la última vez que
lo vi (Alguien debió de entrar y darle uno que otro pellizco) me dedico a
acabármelo todo, me lavo los dientes, me recuesto en mi cama y cierro los ojos.
“Gracias Elle- Pienso-
Gracias por hacerme recorrer todo el hospital, porque gracias a eso, encontré
lo que tanto buscaba”
Con este pensamiento, me
quedo dormida, feliz, en este momento, soy la persona más feliz del planeta.
“Te dije que hubiera sido
mejor comprarle una pijama Elle” Son las palabras que me reciben en la mañana,
Lily y Elle están alado de mi cama, observándome dormir, había olvidado por
completo que me había dormido con la ropa puesta.
Abro los ojos lentamente.
-Buenos días. Les digo y
ellas abren los ojos como platos, pues no esperaban que ya hubiera despertado,
sonrío ante su gesto y estiro mis brazos.
-¿Cómo te la pasaste ayer en
tu cumpleaños? Muchas enfermeras me dijeron que te vieron vagando en el
hospital a altas horas de la noche. Dijo Elle entre seria y divertida.
-Eso no es lo único que se
dice de ella, Elle. Le dice Lily alegre- Dicen que Emma tiene una clase de poder sobre los bebés recién nacidos.
Elle le lanza una mirada
escéptica y después me mira.
-Cuéntame con todo detalle
que pasó ayer.
Sonrío con picardía y suelto
toda la sopa, desde cuando me levanté de esta cama en la mañana, hasta cuando
regresé ya a altas horas de la noche (Para ser más específica, a la medianoche)
-Así que eso del control
sobre los bebés es cierto- Dijo Elle sorprendida- Nunca había pasado con
ninguno, la mayoría ven a sus mamás y se relajan, pero este, te vio a ti y al
instante se calmó- Se quedó pensando mucho tiempo y después me lanzó una mirada
acusadora-¿Qué le hiciste?
-¿Yo? Nada, solo lo vi una
vez antes de lo sucedido, cuando paseaba por el hospital fui a donde están los
bebés recién nacidos y lo miré a él por casualidad, nada más.
Mentira y más mentira Emma,
si bien que lo vi porque su mirada me atrajo y no lo había visto solo una vez
desde lo sucedido.
-Interesante. Pareció
murmurar Lily.
Hubo un momento de silencio
que fue interrumpido con la llegada de mi desayuno.
-Lily, tengo que hablar
contigo, es algo importante. Le dijo Elle a Lily y ambas salieron de la
habitación.
Aprovecho que Elle y Lily se
van, para salirme de mi habitación y dirigirme a la 205, le dije a Katherine
que iría a verla.
Al llegar a la puerta, toco
dos veces, tal vez todavía esté dormida.
-Pase. Dice la cálida voz de
Katherine, abro la puerta y veo que su mirada se ilumina al verme- No pensé que
vinieras tan temprano. Me dice con una sonrisa.
-Quiero estar aquí el mayor
tiempo posible. Digo sonriendo, acercando una silla a su cama y sentándome en
ella.
Es ahí donde conozco mejor a
Katherine Esther Jackson.
Madre de seis hijos, ahora
siete, dos chicas y cinco chicos, casada
con Joseph Jackson, el hombre al que vi ayer y el que me generó pánico con tan
solo verle los ojos, vive en una casa pequeña a pesar de ser una familia tan
numerosa, Joseph trabaja arduamente para sacarlos adelante, pero a pesar de
todo, son felices, solo por una sencilla y simple razón: La música
La música para mí nunca ha
sido algo tan esencial, puedo vivir un día sin escuchar música, pero al parecer
eso en la familia Jackson es imposible.
-Tenemos una tradición- Me
cuenta Katherine- Cada noche, debido a que nuestro televisor está roto, yo
organizo una especie de espectáculo de cánticos, toda la familia canta en las
noches, es una tradición de hace ya tres años.
Sonrío al verla tan alegre y
tan risueña, al parecer la música es capaz de lograr cosas que yo nunca pensé.
-Pero ya fue mucho sobre mí,
háblame de ti. Me dice con ternura.
¿De mí? Nunca había hablado
de mí con nadie, ni siquiera con mi padre, nunca he expresado alguna opinión o
algo por el estilo, así que esto es algo nuevo para mí.
-Bueno, soy una persona de
pocas palabras. Digo rápidamente.
-Vamos, tenme confianza. Me
dice con una sonrisa, ella me ha contado toda su vida, creo que lo más justo
sería que yo fuera recíproca.
Le cuento mi vida, desde los
hermosos momentos con papá hasta los acontecimientos de hace un mes atrás, también incluyo el sueño
que tuve sobre el pequeño Michael, que en mi sueño ya no era tan pequeño pero
era él, de eso estoy segura.
-Creo que esto estuvo
planeado desde hace tiempo. Dice sonriente
-¿Esto?
-Sí Emma, esto, el encuentro
entre tú y Michael, yo lo soñé, tú lo soñaste y de seguro el pequeño ya tenía
tu imagen grabada, por eso dejó de llorar cuando lo cargaste.
¿Será eso? ¿Será ese el
“Poder” del que Lily hablaba que tenía? Podía ser, cuando alguien ve a una
persona conocida, se relaja, se calma, puede que el bebé ya me conociera a mí
desde antes, desde antes que a Katherine.
La puerta se abre y de ella
se asoma una niña más o menos de mi edad, unos ocho años, detrás de ella llegan
otros dos pequeños, parece que van por orden de estaturas.
-¡Mami!- Grita la niña
corriendo a abrazar a su madre, tiene cierto parecido con Katherine, la misma
tez oscura y las mismas facciones, a excepción de los ojos, los tiene como los
de Joseph, los otros dos niños que la siguen si tienen los ojos de Katherine.
-¡Maureen!- Le dice
Katherine a la niña mientras le deposita un suave beso en el cabello.- Mis
niños. Dice al ver a los pequeños que van directo a ella para llenarla de besos
en la cara.
La pequeña Maureen se suelta
de su madre para observarme, me mira con desconfianza.
-Mami, ¿Quién es ella?
Pregunta señalándome con el dedo.
-Es Emma, Maureen, una
amiguita.
Al escuchar la palabra
“Amiguita” las facciones de Maureen se relajan.
-Hola, soy Maureen, pero
todos me dicen Rebbie. Dice sonriendo y dándome la mano, como si se tratase de
un asunto de negocios.
-Hola Rebbie, soy Emma. Digo
y respondo a su formal saludo, los otros dos niños me miran con curiosidad, de
seguro preguntándose si se deben de presentar al igual que Rebbie o esperar a
que su madre haga de presentadora.
-Mira Emma, ellos son tres
de mis hijos, Maureen, Sigmund y Toriano, pero todos en la familia los
conocemos como Rebbie, Jackie y Tito.
-Hola niños. Digo con
ternura, Jackie y Tito sonríen con timidez y un rubor rojizo invade sus
mejillas.
-Mami, papá está abajo,
subirá en unos minutos. Dice Jackie en un gracioso tono infantil, pero la
mirada de Katherine se ensombrece.
-¿Dejaron a sus hermanos
solos?- Dice un tanto enojada.
-No, tía Hattie se quedó con
ellos, pero no pueden venir, son demasiado pequeños para estar en un hospital.
Dice Tito
Casi suelto una risotada al
escuchar su tono de voz, habla como todo un adulto, como si sus hermanos
pequeños fuesen niñatos y él fuera el mayor y el más maduro.
En ese momento, entra la
enfermera de ayer con bebé Michael, que está profundamente dormido, los tres
hermanos se amontonan enfrente de él y la enfermera, para poder verlo mejor,
escucho frases como: “Hola hermanito” “Está dormido” o “Prepárate para cuando
seas mayor Michael” el último hace que Katherine y yo esbocemos una sonrisa,
pues es una amenaza divertida, la que les haces a tus amigos o hermanos cuando
te hacen una broma.
La enfermera logra brincar a
los tres niños y le entrega el bebé a Katherine.
-Cómo bien sabe señora
Jackson, después del parto se tiene que quedar dos días en el hospital, mañana
es su segundo así que pasado mañana será dada de alta. Informa la enfermera,
los niños sonríen con satisfacción, pues ya tendrán a su madre y a su hermanito
todo el tiempo que quieran.
En ese momento alguien
interrumpe en la sala y hace que los vellos de mi nuca se enchinen, Joseph
Jackson acaba de entrar a la habitación.
-Buenos días enfermera-Dice
al ver a la joven que está a lado suyo, la cual retrocede dos pasos, al parecer
no soy la única que le tiene miedo a ese hombre- Katherine, ¿Cómo pasaste la
noche?
Katherine sonríe al ver a su
marido.
-Muy bien Joseph, gracias
por preocuparte.
La mirada de Joseph va de
Katherine a mí, al parecer me reconoce y me mira con cautela, como si fuera una
enemiga en potencia.
-Hola niña. Me dice
secamente, yo sólo atino a saludar con la mano, la cual está más tiesa que una
tabla.
-Oh Joseph, déjame
presentarte a Emma, la conocí ayer (Noto que me mira con picardía al pronunciar
el “Ayer”), es una chica simpática. Dice Katherine sonriendo.
Yo sólo logro susurrar un “Hola”
casi inentendible, a pesar de que no me ha hecho nada, el hombre me aterra.
-Le estaba diciendo a su
esposa señor Jackson, que el niño y ella se pueden ir pasado mañana a su casa.
Joseph le agradece la
información a la enfermera y esta se retira rápidamente de la estancia.
-¿Cómo han estado los
niños?- Le pregunta Katherine a Joseph, mientras sostiene al pequeño que está a
punto de despertar.
-Bien, desesperados por ver
al niño- Dice con tono seco- ¿Cómo dices que se va a llamar?
-Michael. Le dice Katherine
con paciencia.
-Bien, sólo espero que ese
niño valga la pena. Dice y noto como la sangre se me sube a las mejillas, habla
como si el pequeño fuera un objeto o un negocio, quiere ver si fue una buena
inversión o no.
El pequeño Michael despierta
y al sentir tanta gente (O tal vez la sola presencia de Joseph) empieza a
llorar.
-Ya, ya, Michael. Le susurra
Katherine para que se relaje.
-Ha de tener hambre.
Sugiero, ella cómo respuesta nos da la espalda a cada uno de nosotros para
poder amamantarlo sin la mirada de todos en ella.
-Así que…espías habitaciones
de extraños ¿Eh? Me pregunta Joseph, lo miro con el entrecejo fruncido.
-¿A qué se refiere?- Le
pregunto algo enojada.
-A que ayer te vi y te
pregunté si estabas perdida, tú dijiste que no, estabas esperando el momento
adecuado para entrar a la habitación de mi esposa ¿Verdad?
Guardo silencio y bajo la
mirada, prácticamente estaba haciendo eso el día anterior, pero Joseph hace
pensar que lo que hice fue un crimen, el peor crimen de todos.
-Sólo necesito que me
respondas. Me dice Joseph, me siento en un interrogatorio judicial.
-Pues en realidad no
espiaba…-Empiezo a decir, piensa rápido Emma, me apresuro se me tiene que
ocurrir algo lo suficientemente creíble- Mi doctora me pidió que viniera a
checar las habitaciones de la 200 a la 210.
Él arquea las cejas,
escéptico.
-¿Doctora?
-Sí, Elle Bucket, me pidió
que checara si cada uno de los pacientes estaba bien, pero cuando llegué a la
habitación de su esposa entablamos una conversación y prometí que vendría a
verla hoy para saber cómo estaba.
Él se queda pensando mucho
tiempo mi respuesta, hasta que relaja sus facciones y mira a su esposa, que ya
había acabado de alimentar a Michael.
-Entonces saldrás pasado
mañana.
-Sí.
-Bien, nos vemos hasta ese
día, no podré venir mañana, pero vendrán tus hermanos a verte. Dice seco, se
despide de ella con un beso en la mejilla y conmigo con una cabezada, les
indica a los niños (Que hasta ese momento estaban hablando de cómo sería su
vida con Michael en ella) que se despidan de su madre y salgan con él, ellos lo
hacen y me depositan un beso en la mejilla, Jackie un poco avergonzado, el
cuarteto sale de la habitación y nos deja a Katherine, Michael y a mí solos.
-Me alegra que vinieran.
Dice Katherine sonriendo- Los niños tenían muchas ganas de ver a Michael.
Evito hacer preguntas sobre
Joseph pues sé que resultaría incómodo para las dos, por cómo hablaba y los
gestos que hacía, supe que Joseph no era alguien de fiar ni alguien que se
dejara querer fácilmente.
-¿Puedo cargar a Michael?
Pregunto tímidamente, ella me mira y con un gesto de ternura en la mirada me
dice:
-Bien sabes que para eso no
debes de pedir permiso. En ese instante me da al bebé y yo lo sostengo, la
sensación del día anterior me invade otra vez ,esa mágica sensación, él otra
vez me mira, igual que ayer.
-Te vez hermosa con él, lo
miras con una ternura indescriptible, como si en él estuvieran depositadas tus
esperanzas por sobrevivir.
“Lo están Katherine” pienso,
pero en lugar de decirlo, sólo sonrío.
-Estoy segura de que será un
chico encantador. Digo sonriendo, me imagino a un Michael mayor, conquistando a
millones de chicas con su mirada y su sonrisa y yo me pondría celosa, pues fui
la primera en verlo.
-Lo será. Dice su madre, en
ese instante llega la enfermera y sonríe al ver que la escena del día anterior
se está repitiendo.
-¿Me puedes dar al bebé
pequeña?
Me dice y yo, sin ganas, se
lo doy, ella se lo lleva y cierra la puerta.
-Emma…
Me dice Katherine, yo
volteó.
-¿Sí?
-¿Cuándo te irás del hospital?
Esa pregunta hace que
descienda de mi nube en un instante, se supone que mi plazo para encontrar
familia se venció ayer, de seguro Elle en este momento ha de estar buscando un
orfanato al cuál llevarme, la idea hace que una punzada de dolor me ataque el
corazón.
-No tengo fecha exacta-Digo-
Mi doctora no me ha dicho nada.
-Espero que lo sepas pronto,
me gustaría que nos fueras a visitar a nuestra casa, es pequeña pero siempre te
daremos la bienvenida. Dice con una sonrisa- en ese momento toma un papel y una
hoja que estaban a lado de su cama y anota algo, para entregármelo.
“2300
Jackson Street Gary, Indiana.”
-Me encantará ir a
visitarlos, tus pequeños son muy adorables. En mi mente me pregunto si en el
orfanato en el que esté dejen hacer salidas o algo así, porque si no, yo me
escaparía por la ventana.
-Y espera a conocer a los
demás- Dice con una tierna sonrisa - todos son muy adorables y ocurrentes, me
hacen reír todo el tiempo.
Sonrío ante la imagen de
muchos pequeños corriendo por una casa, haciendo bromas para ver a su mami
sonreír, cómo me hubiera encantado hacer eso con la mía, pero el destino dictó
que fuera un imposible.
Cae el medio día y noto que
me rugen las tripas de hambre, no he comido nada desde el desayuno y lo peor
fue que no me lo comí del todo.
-¿Por qué no vas a comer
algo? Me sugiere Katherine- Has estado toda la mañana conmigo y es justo para
ti salir a respirar.
Me levanto de la silla y le
entrego al bebé, que se ha vuelto a quedar dormido y salgo de la habitación,
sin siquiera despedirme.
Llego a mi habitación y noto
que ya han dejado la comida en la cama, sopa de verduras y pollo rostizado a un
lado, empiezo a comer lentamente, saboreando cada cosa que pasa por mi boca,
tomo agua y veo que a lado de mí hay un conjunto de ropa distinto, un blusón
rojo y unos pantalones de mezclilla, junto con una pijama.
Termino de comer y me meto a
la ducha, llorando, pues sabía que esa podría ser la última vez que veía a
Michael y a Katherine, sabía que dentro de unas horas o tal vez mañana en la
mañana vendrán Lily y Elle a avisarme que me trasladarán a un orfanato, pues no
hubo nadie que se apiadara de mí.
No me despedí, nunca me han
gustado las despedidas, por eso no miré atrás cuando dejé a mi hermano pequeño
Maurice en la casa, por eso no dejé ninguna nota de despedida a mis hermanos,
las despedidas son dolorosas y se me hace algo masoquista en el ser humano
hacerlas, pues sufres porque quieres, siento que si no te despides, sufres
menos.
Termino de bañarme y apago
la ducha, me cambio y me dejo le pelo húmedo, sin peinar, no le pasará nada,
sólo se esponjará más.
Me recuesto en la cama y me
quedo pensando en el mágico momento de
ayer, cómo fue descubrir los nudos que el destino armaba y cómo fue tener al
bebé Michael en mis brazos, esos momentos que se quedarán en mi memoria para
siempre, porque recordaré cómo fui feliz aunque fuese sólo un instante,
recordaré como fue el encuentro con los tres hilarantes hermanos Jackson, hasta
recordaré con un poco de gusto la presentación con Joseph, después de todo, el
forma parte de Michael y por lo tanto forma parte de mí.
Una lágrima cae por mi
mejilla y no hago nada por detenerla, por un momento, por una milésima de
tiempo creí que la teoría de mi papá era verdad, que podía soñar con mi futuro,
pero este no es el caso, la pregunta que Katherine me hizo, hizo que bajara de
la nube en la que andaba y me topara cara a cara con la realidad.
Me hago un ovillo y con el
cabello húmedo y los ojos escurriendo de lágrimas, recargo mi cabeza en mis
rodillas y me quedo dormida.
Sueño que estoy en un túnel
sin salida, pues corro lo más rápido que puedo y nunca llego al final, parece
eterno, mis pulmones se agotan y necesitan aire, así que me detengo a respirar,
pero el túnel sigue y al parecer más oscuro, parece que me he metido a la boca
de un lobo.
Entonces todo se ilumina y
siento unos largos dedos en mi hombro, me atraen a alguien, pero no sé
distinguir a quien, pues la iluminación se ha vuelto tan fuerte que no me deja
ver.
La persona es mucho más alta
que yo, tiene la piel color canela, cuando puedo distinguir todo a la
perfección, puedo ver justo en frente de mí los mismos ojos marrones que me
miraban hace unas horas.
Estoy en frente de Michael
otra vez.
Pero este es un Michael más
maduro, tenía razón con decir que sería un chico encantador, unos caireles le
caen suavemente por el rostro y viste una camisa azul con unos pantalones
negros.
Una sonrisa invade su rostro
y yo sonrío como boba, sigue teniendo la sonrisa más brillante del planeta y
creo que siempre la tendrá.
Me recargo en su hombro y él
recarga su cabeza en la mía, nos quedamos así por mucho tiempo, yo
disfrutándolo pues sé que podría ser mi último momento con él.
No sé si hablar o no, pues
puede que sólo sea un mero contacto físico y que después todo se evapore y yo
despierte, “No tienes nada que perder” me digo y hablo.
-Creo que después de todo,
no voy a poder protegerte ni a estar contigo, como me dijeron mis sueños y como
lo dijo el sueño de Katherine.
Él me mira y sonríe
divertido, es cómo si él se estuviera mofando de mis palabras o como si creyera
que fue un buen chiste.
-Hasta crees que te vas a
librar tan fácil de mí. Dijo y depositándome un beso en la frente, todo se
evapora y hace que despierte.
Mi siesta matutina ha
llegado hasta la tarde y veo que está la puesta de sol, la puesta de sol más
bella que he visto en mi vida, las nubes se tiñen de color rosáceo y naranja,
mientras que el sol se despide de mí con sus últimos rayos.
La noche llega y puedo
sentir el brillo de la Luna en mi rostro ¿Cómo estarán Katherine y Michael
ahora? ¿Katherine se habrá sorprendido porque no regresé a darle las buenas
noches? O habrá pensado que me distraje y que iré a verla al día siguiente para
explicarle, mi mente opta por la segunda opción y me quedo observando el techo
blanco hasta el amanecer.
Estoy en un ensimismamiento,
ni siquiera noto cuando el hospital empieza a fluir, se supone que hoy es el
último día de Katherine en el hospital y que mañana se va, mañana se irá, con
mi destino entre tus dedos.
“Hasta crees que te vas a
librar tan fácil de mí” fueron las palabras que me dijo un Michael adulto en mi
sueño, culpo a mi estúpida imaginación por querer aferrarse a un imposible, a
un tonto imposible que parecía posible apenas hace dos días.
En ese momento, Elle abre
sigilosamente la habitación.
-Emma ¿Estás despierta?
Me levanto y al ver mi cara
ella compone una mueca de dolor, cómo si le dolieran las palabras que estaban a
punto de salir de su boca.
-¿Qué sucede?
Ella toma aire y con
lágrimas en los ojos me dice.
-Ve guardando tus
pertenencias Emma, el autobús del orfanato de Gary vendrá a recogerte en unas
horas.
“La
gente cree que el destino es como un río que fluye en una sola dirección. Pero
yo le he visto la cara al tiempo y es cómo un océano en la tormenta”
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